Leí una noticia muy curiosa sobre los toreros en España, que cada vez toman menos tiempo para volver a torear luego de recibir una corneada. Apenas los suturan ya se van a parar de nuevo delante de otro toro, para que no les falle el valor.
Pero lo extraño es que, mientras los toreros jóvenes no tienen problemas en colocarse la vacuna antitetánica, a medida que envejecen le van tomando miedo a las agujas, que se convierte en verdadero terror en muchos de los toreros más experimentados. Decían que casi ningún torero de carrera se ponía la inyección antitetánica y recurrían a mil trucos para evitar este trámite obligatorio; se esconden, sobornan al enfermero, etc.
Posiblemente ningún oficio requiere tanto valor físico como el toreo porque -como escribió Hemingway en Muerte en La Tarde- ellos deben decidir coscientemente cuanto peligro están dispuestos a correr, cuando trabajan cada vez más cerca del toro arriesgandose a una muerte violenta y dolorosa.
Siempre he desconfiado de los que se dicen valientes o de los que andan acusando a los demás de cobardía, el valor físico está más cercano a la estupidez de un gorila que a la real valentía. Un adolescente que compite en carreras callejeras contra el tránsito tiene mucho de ese valor físico del mono, simplemente no es capaz de imaginarse las consecuencias de lo que hace y mientras más idiota será más valiente. Por eso también los borrachos hacen muchos actos de valentía y por eso en las antiguas cargas de guerra a pie y a cuchillo se repartía aguaardiente a las tropas, para embrutecerlos.
Lo natural es ser cobarde y el verdadero valor es el del que hace lo que se propone a pesar de estar muerto de miedo. Años atrás -por esas cosas raras de la vida- me tocó ir de Arica a Iquique en auto con un tipo que se dedicaba a una de las actividades más peligrosas que existen. La cosa es que se suponía que debía ser una especie de Rambo por sus -no muy legales- actividades, además tenía -tiene- la reputación de persona peligrosa y decidida a todo. Como yo conozco bien el camino y bajaba las quebradas muy rápido el amigo iba muerto de miedo y me decía a cada rato que por favor fuera más despacio, que no se quería matar. Yo no soy ningún loco para manejar y le dije que conocía bien el camino, que no había problema, pero insistio tanto e iba tan asustado que finalmente tuve que seguir a paso de tortuga antes que se muriera de susto.
Le pregunté que como podia llevar una vida tan arriesgada siendo tan aprensivo, me dijo que de no ser tan cobarde estaría muerto hace años. Con el tiempo conocí otras personas que también llevaban una vida peligrosa y todos eran exageradamente aprensivos en cosas que a cualquier persona normal ni siquiera le preocuparían. Es curioso pero esa imagen de los héroes de película o de los terroristas o comandos que no le tienen miedo a nada es completamente falsa, los valientes no duran ni media hora en el mundo real.
Eso era, un pequeño comentario sobre la cobardía que rara vez se aprecia en su justo valor. Hasta mañana.