Tomas Bradanovic

5 abril, 2009

En la peluquería

Archivado en: peluquera, trabajo — tombrad @ 10:44 am


Domingo, fomingo, un día aburrido y muy soleado para ser otoño, seguimos disfrutando en Arica del calentamiento global mientras dura. Anoche venía de vuelta a mi casa como a las 2 AM y vi caer un meteorito justo encima de la ciudad, debe haber caído en el desierto porque no salió nada en el diario. Todo normalmente aburrido, como siempre. Para mañana las fuerzas vivas de la ciudad, llamaron a un paro de protesta contra el abandono del gobieno, parece que nadie le da maldita gana protestar, seguro que va a pasar sin pena ni gloria.

Esas son, más o menos las novedades en la ciudad del tiempo congelado. Antes de ayer me cortó el pelo una señora feísima, fui a la primera peluquería que encontré y la alternativa era entre ella o un peluquero gay, que diablos, desde que mi amigo el Matute me convenció que todas las peluqueras deben ser buenas en la cama, no puedo dejar de pensar en eso cada vez que me corto el pelo, pero esta vez miraba a la señora con cara de buho y me daba cosa, maldito Matute que con esas ideas absurdas me arruinó la visita a la peluquería.
El lunes empiezo a hacer clases, le pregunté al Jefe de Carrera como las quería y me dijo una sola cosa “sé práctico, tienes que enseñarles cosas que sirvan, la teoría es para los primeros años”, es un buen cambio, porque la última vez que hice clases fue a alumnos de primer año en un ramo muy teórico, ahora me toca un ramo de formación profesional para los que ya están terminando, les voy a dar toda la teoría necesaria como trabajos de investigación, que la aprendan solos nomás, yo me dedicaré a enseñar todas las herejías que aprendí en el mundo real, tengo una montaña de material con eso, estoy listo para empezar a envenenarles la mente.
A propósito del mundo real, en 1980 había un solo microcomputador en Arica, era un Radio Shack TRS-80 de Andres Guiza y lo usaba para la contabilidad y el inventario de su perfumería. El primer programador de la ciudad fué mi amigo Diego Aracena, el perrito, que le había hecho y vendido los programas, al parecer tuvo un trampeo con Guiza y pelearon, gracias a eso yo me convertí en el segundo programador de la ciudad. 
Me acuerdo como si fuera hoy cuando mi amigo el Corcho, que era algo así como mi agente de prensa, me llevó a hablar con Guiza y  tuve mi primera experiencia desagradable en el mundo del trabajo, don Andrés me recibió algo enojado y me dijo: “mira, yo no quiero idealistas, científicos ni genios acá, estoy en un problema y necesito un bruto que me lo arregle”. En esos años todos pensaban que los programadores eran nerds superdotados que jugaban ajedrez y cosas así, pero Guiza ya tenía la intuición exacta de lo que necesitaba: un bruto que le arreglara el problema.
No se lo arreglé, la verdad es que sin querer le borré un montón de información y Andres Guiza (con el tiempo nos hicimos bien amigos)  se tuvo que poner en la buena con su programador original, pero ahí aprendí como se hacían los programas reales. Mis dos primeros trabajos en eso fueron enormes fracasos, después siempre me fué bien. 
Yo era muy bueno programando en los computadores PDP-11 de la universidad, le enseñaba a los profesores y todo eso, pero no tenía experiencia en trabajos de la vida real. Mi segundo contrato fue con la Gobernación Marítima de Iquique: me compraron un computador Casio y junto con un teniente de apellido Silva me encargaron hacer un sistema de control del movimiento de naves en el puerto. El teniente hacía el diseño lógico y yo lo tenía que codificar, nos enredamos de una manera tan terrible que después de un listado monstruoso con miles de líneas que apenas cabían en la memoria nos dimos cuenta que nunca lo íbamos a terminar. Silva se fué a Valparaíso a estudiar ingeniería y yo seguí ofreciendo mis maravillosos programas, que a partir de entonces todos empezaron a funcionar perfectamente. O sea, es muy cierto ese dicho de “Echando a perder se aprende”.
A propósito acabo de publicar en Knol mi famoso Curso de Visual Basic para Aplicaciones, lo escribí el año 2000 y 9 años después todavía sigue vigente. Larga vida al VBA, tan útil como poco conocido.
Debe ser desde esos años que le tomé tanta aversión al trabajo, pero en fin, con un poquito así de buena suerte tal vez la buena vida regrese por algún tiempo, ya veremos como se dan las cosas. Hasta mañana.

1 mayo, 2008

En el día de la infamia

Archivado en: infamia, trabajo — tombrad @ 2:10 pm

Hoy fué el día de la infamia. En mi calidad de holgazán hasta la médula, ocioso certificado, devoto de la vagancia, posdoctorado en la teoría del mínimo esfuerzo, enemigo acérrimo del trabajo y los trabajadores, no puedo dejar pasar esta nefasta y absurda fecha, en que se celebra -como gran cosa- una de las maldiciones bíblicas más crueles que existen: Te ganarás el pan con el sudor de tu frente.

Que frase más espantosa, a nadie en su sano juicio le gusta andar sudado, excepto si está tirado al sol en la playa, jugando a la pelota o encerrado en la calurosa habitacion de un motel dedicado a las ars amandi. Pero tener que sudar para ganarse el pan me parece un asunto horripilante. En estos pocos días que he estado ayudando en el RapaNui, he podido ver como la ambición por ese poderoso caballero que es Don Dinero transtorna incluso a las personas más tranquilas.

También he podido ver como las personas que trabajan durísimo durante semanas completas en las minas se gastan más de un millón de pesos en una sola noche. Sin duda que de alguna manera subliminal se dan cuenta que la plata obtenida con esfuerzo es dinero mal habido, plata que quema las manos y que debe ser gastada en lo que sea lo antes posible. Lo mal habido nunca es bien aprovechado: cierto, muy cierto.

Sin embargo existe toda una ideología para glorificar el trabajo que, dicho francamente, no es otra cosa que una forma de prostitución, donde la persona se vende para hacer algo que no le agrada a cambio de un salario. De una persona que trabaja duro se dice que es responsable, muchos están orgullosos de lo que han obtenido con su esfuerzo ¿como que estar orgullosos? ¿orgullosos por venderse durante años, de vivir una vida de esclavos a cambio de unas lucas? no gracias, no le veo ningún mérito como tampoco le veo gracia a los que se hacen millonarios trabajando duro, cualquir tonto puede hacer eso, la gracia es hacerse millonario divirtiéndose o sin trabajar.

Vivimos en un mundo al revés donde lo importante, que es vivir contentos, no vale nada, mientras que lo menos importante, que es acumular a costa de sacrificios, es valorado enormemente. Tenemos la cultura de las ratas almizcleras, que acumulan y acumulan cosas inútiles en sus cuevas, trabajando todo el día para llenarse de cachivaches.

El trabajo es lo que tiene a mi compadre en el hospital, es causa de acidez, úlcera péptica, desórdenes nerviosos, tabaquismo, severo daño cardiaco, transtornos de la personalidad, paranoia, ataques de furia, depresión severa, frustración, taquicardias, alergias, anginas, ataques de pánico, sentimientos de inferioridad e impotencia, ¡si incluso existen las enfermedades profesionales!. No hay salud con el trabajo, no hay salud para el que trabaja.

Supongamos que tengo un auto y lo ocupo de taxi para andar las 24 horas del día en tres turnos por caminos rurales y cargado hasta el tope: ese es un tipo que trabaja. Supongamos ahora que tengo otro auto de colección, encerado, tapado con una carpa en perfecto reposo en un garage y lo saco solo los fines de semana a dar un paseìto a la playa: ese es un tipo perfectamente ocioso ¿que auto se fundirá primero? ¿que auto funcionará más suave? ¿cual será más agradable? creo que no necesito decirlo, que cada cual saque sus conclusiones.

En Chile tenemos un Ministerio del Trabajo, es como tener un Ministro de la Pedofilia, una completa inmoralidad. Lo único bueno es que como estamos en el chilito socialista, el ministerio del trabajo para lo único que sirve es para mantener altos los índices de cesantía, la verdad es que el nombre no podría estar más mal puesto: se trata de un Ministerio de los Sindicatos, esa es la verdad de la milanesa.

Maldito sea el trabajo y los trabajadores, mil veces malditos los que se quejan de ser explotados porque además de indignos son cobardes, no tienen el valor suficiente para mandar al diablo a quien -según ellos- los explota, maldita sea la ética del trabajo duro y el temor a Dios, bullshit, si el trabajo es duro es basura, si a Dios hay que tenerle miedo no sirve para nada.

Que viva el trabajo divertido, la entretención, el ocio y el jolgorio, que vivan los trabajadores contentos que harían lo que hacen gratis o que pagarían por que los dejen hacerlo, esos si que son dignos. Que vivan los que no le tenemos ningún temor a Dios sino los que le pedimos favores a cada rato, a propósito tengo varios pedidos pendientes. Ese serí mi comentario de hoy, el día de la infamia.

14 septiembre, 2007

De nuevo tarde a la cama

Archivado en: trabajo — tombrad @ 8:30 pm

A propósito de los condorazos que me mandé ayer; no estoy acostumbrado a trabajar bajo órdenes y soy muy susceptible ante las críticas, estuve tentado por discutir que el diseño tenía problemas de usabilidad y si yo me había equivocado un usuario común también se equivocaría, pero lo pensé dos veces, no era un buen punto, además que no era cierto. Por eso lo que quería comentar hoy es la diferencia en las relaciones laborales como se dan comunmente en Chile versus a como se dan en el extranjero.

La verdad es que tengo muy poca experiencia propia, pero si he conocido mucho el asunto desde afuera y tal vez eso me ayude a verlo con la cabeza más fria, además he sido empleador unas cuantas veces. En Chile las relaciones laborales y personales se confunden facilmente, lo que puede ser bueno o malo para la felicidad de los empleados, pero es casi siempre malo para el negocio. En nuestro país las relaciones más comunes establecidas en el trabajo son: paternal (padre-hijos), despótica (amo-esclavo) o sumisa (donde los empleados hacen lo que se les da la gana). Por lo general las relaciones cambian a lo largo de la vida de la empresa, incluso pueden cambiar por momentos: un jefe despótico muchas veces pasa a paternal para luego volver a su rol de déspota, puede tener períodos de sumiso, etc.

Yo creo que esto se debe a que nosotros -como latinos que somos- no somos capaces de separar nuestro ego personal de los intereses del negocio, y así es como las relaciones se convierten en un juego de egos. Este juego tiene armas como la penca, cuando el jefe toma el rol de déspota o padre castigador para enmendar a sus empleados “yo te pago y tengo el derecho a penquearte”, los empleados por su parte satisfacen su ego con la sacada de vuelta, el robo hormiga o la venganza máxima a la hora de conflicto: la inspección del trabajo.

Es curioso como empleadores y empleados van al conflicto por asuntos de ego, que pueden ser terriblemente dañinos para el negocio, en esos términos, aunque las relaciones laborales sean muy buenas y todos estén muy amigos siempre se estará incubando el germen de futuros problemas. Uno de los malentendidos más comunes es que los empleadores no entienden bien los alcances de la capacidad de mandar y entienden mandar como imponer su voluntad a cualquier costo usando la penca a destajo. Los empleados por su parte pocas veces tienen claro cual es su papel al ejecutar lo que les mandan y sabotean las órdenes sin darse cuenta que están aserruchando la misma rama sobre la cual están parados.

Los negocios y oficinas en Chile son como una extensión de la casa donde el dueño hace el papel del papá que reparte premios y castigos mientras que los empleados son niños que deben portarse bien, si no los retan. Yo creo que la penca en público es una práctica pésima que jamás se debiera usar, es como los padres incapaces de controlar a sus hijos que tiran cachetadas como única forma de que los respeten. Hay que tener mucho cuidado con el ego de las personas, una humillación casi nunca queda impune y todos tenemos memoria de elefante para esas cosas, jamás se nos olvidan.

Aunque esto es algo que se da en todas partes, en los países sajones son -por lo general- mucho más prácticos; el empleado es un recurso de producción como cualquier otro, que tiene un costo para la empresa y especialmente un costo de reemplazo, por eso son cuidadosos a la hora de contratar. Una vez contratados, el jefe no se puede hacer el leso de su responsabilidad al haberlo elegido y hará todo lo posible por que funcione bien. Por eso las relaciones de trabajo parecen más frias pero también son más justas e impersonales: primero el negocio, después el ego.

Yo no sé que será mejor, cuando tuve gente contratada (llegué a tener 11 personas) tuve mucha suerte, teníamos una relación de amistad sin que nadie se subiera por el chorro y donde todos tratábamos de no abusar. Pero me pregunto si eso podría haber durado muchos años más. No lo creo, yo trabajé en una empresa así en la ZOFRI y pasados los años terminó muy mal, con todos peleados sacándose los ojos. Por lo general establecer relaciones demasiado personales en un trabajo tiende a terminar en tragedia.

En fin, hace frio y tengo sueño, hoy en la noche fuimos donde la Mila que nos tenía guardadas unas galletas de gengibre (deliciosas) y pasteles. Estuvimos conversando hasta cerca de la 1 AM, cuando los fuimos a dejar al bus, pues se van por 5 días de turismo-aventura a los Yungas, en Bolivia. Después pasamos al liceo de Tomás Jr a buscarlo porque tenían unas ramadas, ya son las 2:14 AM, de nuevo me voy tarde a la cama, ¡no hay salud!

>De nuevo tarde a la cama

Archivado en: trabajo — tombrad @ 8:30 pm

>A propósito de los condorazos que me mandé ayer; no estoy acostumbrado a trabajar bajo órdenes y soy muy susceptible ante las críticas, estuve tentado por discutir que el diseño tenía problemas de usabilidad y si yo me había equivocado un usuario común también se equivocaría, pero lo pensé dos veces, no era un buen punto, además que no era cierto. Por eso lo que quería comentar hoy es la diferencia en las relaciones laborales como se dan comunmente en Chile versus a como se dan en el extranjero.

La verdad es que tengo muy poca experiencia propia, pero si he conocido mucho el asunto desde afuera y tal vez eso me ayude a verlo con la cabeza más fria, además he sido empleador unas cuantas veces. En Chile las relaciones laborales y personales se confunden facilmente, lo que puede ser bueno o malo para la felicidad de los empleados, pero es casi siempre malo para el negocio. En nuestro país las relaciones más comunes establecidas en el trabajo son: paternal (padre-hijos), despótica (amo-esclavo) o sumisa (donde los empleados hacen lo que se les da la gana). Por lo general las relaciones cambian a lo largo de la vida de la empresa, incluso pueden cambiar por momentos: un jefe despótico muchas veces pasa a paternal para luego volver a su rol de déspota, puede tener períodos de sumiso, etc.

Yo creo que esto se debe a que nosotros -como latinos que somos- no somos capaces de separar nuestro ego personal de los intereses del negocio, y así es como las relaciones se convierten en un juego de egos. Este juego tiene armas como la penca, cuando el jefe toma el rol de déspota o padre castigador para enmendar a sus empleados “yo te pago y tengo el derecho a penquearte”, los empleados por su parte satisfacen su ego con la sacada de vuelta, el robo hormiga o la venganza máxima a la hora de conflicto: la inspección del trabajo.

Es curioso como empleadores y empleados van al conflicto por asuntos de ego, que pueden ser terriblemente dañinos para el negocio, en esos términos, aunque las relaciones laborales sean muy buenas y todos estén muy amigos siempre se estará incubando el germen de futuros problemas. Uno de los malentendidos más comunes es que los empleadores no entienden bien los alcances de la capacidad de mandar y entienden mandar como imponer su voluntad a cualquier costo usando la penca a destajo. Los empleados por su parte pocas veces tienen claro cual es su papel al ejecutar lo que les mandan y sabotean las órdenes sin darse cuenta que están aserruchando la misma rama sobre la cual están parados.

Los negocios y oficinas en Chile son como una extensión de la casa donde el dueño hace el papel del papá que reparte premios y castigos mientras que los empleados son niños que deben portarse bien, si no los retan. Yo creo que la penca en público es una práctica pésima que jamás se debiera usar, es como los padres incapaces de controlar a sus hijos que tiran cachetadas como única forma de que los respeten. Hay que tener mucho cuidado con el ego de las personas, una humillación casi nunca queda impune y todos tenemos memoria de elefante para esas cosas, jamás se nos olvidan.

Aunque esto es algo que se da en todas partes, en los países sajones son -por lo general- mucho más prácticos; el empleado es un recurso de producción como cualquier otro, que tiene un costo para la empresa y especialmente un costo de reemplazo, por eso son cuidadosos a la hora de contratar. Una vez contratados, el jefe no se puede hacer el leso de su responsabilidad al haberlo elegido y hará todo lo posible por que funcione bien. Por eso las relaciones de trabajo parecen más frias pero también son más justas e impersonales: primero el negocio, después el ego.

Yo no sé que será mejor, cuando tuve gente contratada (llegué a tener 11 personas) tuve mucha suerte, teníamos una relación de amistad sin que nadie se subiera por el chorro y donde todos tratábamos de no abusar. Pero me pregunto si eso podría haber durado muchos años más. No lo creo, yo trabajé en una empresa así en la ZOFRI y pasados los años terminó muy mal, con todos peleados sacándose los ojos. Por lo general establecer relaciones demasiado personales en un trabajo tiende a terminar en tragedia.

En fin, hace frio y tengo sueño, hoy en la noche fuimos donde la Mila que nos tenía guardadas unas galletas de gengibre (deliciosas) y pasteles. Estuvimos conversando hasta cerca de la 1 AM, cuando los fuimos a dejar al bus, pues se van por 5 días de turismo-aventura a los Yungas, en Bolivia. Después pasamos al liceo de Tomás Jr a buscarlo porque tenían unas ramadas, ya son las 2:14 AM, de nuevo me voy tarde a la cama, ¡no hay salud!

6 septiembre, 2007

Los explotadores y explotados

Archivado en: explotadores, trabajo — tombrad @ 1:27 am

No hay caso de acostarme temprano, hoy pensaba que me iba a portar como un tipo serio, pero a la tarde me llamó la Fabiola para unas consultas sobre un proyecto, de ahí partimos a juntarnos con Viera, Pratti y nuestro amigo arquituerto para ver otros proyectos, finalmente, cansado de tanto proyecto terminamos comiendo una parrillada donde Don Floro, el maestro de cocina es vecino de Pratti así es que ir con él es sinónimo de comer con abundancia. Finalmente fui a dar mi vuelta al Rapa-Nui y en todo esto ya son la 1:33, otro día de trasnochada.

Estoy haciendo un trabajo muy interesante, de esos que pagaría por hacerlo, que tiene que ver con probar software en desarrollo, mantención de servidores y cosas por el estilo, gracias a eso he empezado al fin a aprender Unix/Linux que era algo que tenía pendiente desde hace muchos años. Cuando empecé con la computación estuve algunos años en la vanguardia, pero después de un tiempo perdí el paso y me fuí quedando en cosas más o menos rutinarias, entonces fue cuando le perdí interés a la maldita cosa, hasta ahora que justo se me dió la oportinidad de trabajar en algo de primer nivel. Ahora estoy metido con Subversion, un programa de control de versiones increíblemente útil. En fin, muchas cosas nuevas que ni tenía idea que existían, de vuelta a las teclas.

Justo me hablaban de las condiciones de confidencialidad y no usar los conocimientos adquiridos a lo menos después de un año de terminar el trabajo, cosa que me parece muy correcta. Esto me llevó a pensar en lo mucho que se habla de los patrones explotadores pero ¿quien habla de los empleados explotadores y deshonestos?, hay una cuestión de honor, buena fe o don de gentes que muchos asalariados jamás han tenido y simplemente miran a su empleador como un enemigo o un incauto que hay que exprimir. Las leyes laborales y la inspección del trabajo fomentan a estos vacunas y por culpa de todo este sistema, que supone a priori que los empleadores son deshonestos y los asalariados honrados, los empleados que son verdaderamente honrados terminan sufriendo las consecuencias.

Conversaba con un amigo que tiene un problema con la inspección del trabajo, un empleado chantajista y deshonesto tratando de sacar provecho y por último, causar todo el daño que pueda ¿que pasará si por culpa de ese vacuna el negocio deja de ser rentable y se termina? muchos otros quedarán cesantes sin tener arte ni parte en el asunto. Me recordaba de un buen amigo de la ZOFRI que mantuvo a sus mismos empleados durante más de 20 años, los llenó de favores, a algunos los mandó a viajar al extranjero por cuenta de la empresa, los ayudó a comprarse casa. Cuando la empresa entró en problemas, dos de cada tres lo llevaron a juicio ¿cuando les iba a poder pagar la indenmización por 20 años trabajados?, al final la empresa terminó quebrada y todos cesantes.

Por eso yo soy el enemigo número uno de las leyes laborales y de la inspección del trabajo: libertad de pactar contratos, absoluta libertad sin que el estado meta las narices ni con sueldo mínimo, ni con leyes de “protección” al trabajador que al final terminan consagrando privilegios y provocando cesantía. Cuando en Chile se terminaron los controles de precios todo el mundo saltó escandalizado “¿pero como los comerciantes van a cobrar lo que quieran?” decían escandalizados. Al poco tiempo se vio muy claro que el mercado regulaba los precios mucho mejor que cualquier oficina fiscal. El mercado del trabajo debería ser exactamente lo mismo, con absoluta libertad para pactar precios y condiciones.

En fin, ya me estoy empezando a enojar con este asunto de los vacunas, y eso que no he empezao a hablar de los sindicatos. Mejor me voy a dormir, no quiero acostarme enojado, buenas noches.

>Los explotadores y explotados

Archivado en: explotadores, trabajo — tombrad @ 1:27 am

>No hay caso de acostarme temprano, hoy pensaba que me iba a portar como un tipo serio, pero a la tarde me llamó la Fabiola para unas consultas sobre un proyecto, de ahí partimos a juntarnos con Viera, Pratti y nuestro amigo arquituerto para ver otros proyectos, finalmente, cansado de tanto proyecto terminamos comiendo una parrillada donde Don Floro, el maestro de cocina es vecino de Pratti así es que ir con él es sinónimo de comer con abundancia. Finalmente fui a dar mi vuelta al Rapa-Nui y en todo esto ya son la 1:33, otro día de trasnochada.

Estoy haciendo un trabajo muy interesante, de esos que pagaría por hacerlo, que tiene que ver con probar software en desarrollo, mantención de servidores y cosas por el estilo, gracias a eso he empezado al fin a aprender Unix/Linux que era algo que tenía pendiente desde hace muchos años. Cuando empecé con la computación estuve algunos años en la vanguardia, pero después de un tiempo perdí el paso y me fuí quedando en cosas más o menos rutinarias, entonces fue cuando le perdí interés a la maldita cosa, hasta ahora que justo se me dió la oportinidad de trabajar en algo de primer nivel. Ahora estoy metido con Subversion, un programa de control de versiones increíblemente útil. En fin, muchas cosas nuevas que ni tenía idea que existían, de vuelta a las teclas.

Justo me hablaban de las condiciones de confidencialidad y no usar los conocimientos adquiridos a lo menos después de un año de terminar el trabajo, cosa que me parece muy correcta. Esto me llevó a pensar en lo mucho que se habla de los patrones explotadores pero ¿quien habla de los empleados explotadores y deshonestos?, hay una cuestión de honor, buena fe o don de gentes que muchos asalariados jamás han tenido y simplemente miran a su empleador como un enemigo o un incauto que hay que exprimir. Las leyes laborales y la inspección del trabajo fomentan a estos vacunas y por culpa de todo este sistema, que supone a priori que los empleadores son deshonestos y los asalariados honrados, los empleados que son verdaderamente honrados terminan sufriendo las consecuencias.

Conversaba con un amigo que tiene un problema con la inspección del trabajo, un empleado chantajista y deshonesto tratando de sacar provecho y por último, causar todo el daño que pueda ¿que pasará si por culpa de ese vacuna el negocio deja de ser rentable y se termina? muchos otros quedarán cesantes sin tener arte ni parte en el asunto. Me recordaba de un buen amigo de la ZOFRI que mantuvo a sus mismos empleados durante más de 20 años, los llenó de favores, a algunos los mandó a viajar al extranjero por cuenta de la empresa, los ayudó a comprarse casa. Cuando la empresa entró en problemas, dos de cada tres lo llevaron a juicio ¿cuando les iba a poder pagar la indenmización por 20 años trabajados?, al final la empresa terminó quebrada y todos cesantes.

Por eso yo soy el enemigo número uno de las leyes laborales y de la inspección del trabajo: libertad de pactar contratos, absoluta libertad sin que el estado meta las narices ni con sueldo mínimo, ni con leyes de “protección” al trabajador que al final terminan consagrando privilegios y provocando cesantía. Cuando en Chile se terminaron los controles de precios todo el mundo saltó escandalizado “¿pero como los comerciantes van a cobrar lo que quieran?” decían escandalizados. Al poco tiempo se vio muy claro que el mercado regulaba los precios mucho mejor que cualquier oficina fiscal. El mercado del trabajo debería ser exactamente lo mismo, con absoluta libertad para pactar precios y condiciones.

En fin, ya me estoy empezando a enojar con este asunto de los vacunas, y eso que no he empezao a hablar de los sindicatos. Mejor me voy a dormir, no quiero acostarme enojado, buenas noches.

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