Tomas Bradanovic

5 marzo, 2011

>Lo bueno de los transgenicos

Archivado en: transgenicos — tombrad @ 11:31 am

>Los ambientalistas que reaccionan por principio en asuntos sobre los que no tienen la menor idea, son los peores enemigos del desarrollo sustentable. No es raro leer que alguien dice “aunque no tengo conocimientos de generación eléctrica me opongo definitivamente a las represas y apoyo la implementación masiva de paneles fotovoltaicos y energía eólica”. ¿Como puede un ignorante dar una opinión definitiva sobre algo que no entiende?. Esos son los milagros de la propaganda.

Mucho de lo que se dice sobre las semillas transgénicas muestran como la opinión de ignorantes, inducida por intereses económicos y ambientalistas, puede causar daños ambientales mucho mayores de los que dicen prevenir.
Mi tocayo el reverendo Thomas Malthus a mediados del siglo XVIII sacó una cuenta muy sencilla que parecía una verdad evidente: mientras la población crece a tasas geométricas, la capacidad de la tierra para producir alimentos crece a tasas aritméticas, mucho menores. La predicción de Malthus fue una catástrofe en el momento en que la tierra no sería capáz de producir alimentos al mismo ritmo en que nacían las personas.
Han pasado más de dos siglos y no se ha visto ni una sola vez el efecto que Malthus predijo (las pocas hambrunas masivas que se conocen han tenido causas más bien políticas), pese a que la población ha crecido enormemente. La explicación pasa por la tecnología: primero mejoraron las técnicas de cultivo, luego mejoraron las semillas por cruza selectiva, después aparecieron más y mejores fertilizantes y pesticidas, lo último es el desarrollo de las especies transgénicas.
Cada nueva tecnología que aparece ha ido alejando la catástrofe Malthusiana y ha permitido equilibrar la producción de alimentos con el crecimiento de población. Si bien hay países que por motivos políticos y de mala administración sufren de hambre, la producción global de alimentos es bastante mayor que las necesidades de consumo.
Pero también cada nueva tecnología se va agotando o va creando efectos secundarios porque como sabemos no existen los almuerzos gratis: las mejores técnicas de cultivo y semillas cruzadas han llevado a enormes áreas de monocultivo muy vulnerables a las pestes y plagas; los fertilizantes y pesticidas deterioran el suelo, salinizándolo, y envenenan las aguas subterráneas.
Los transgénicos se han creado para solucionar estos problemas usando la biología molecular, que cambia los genes de manera similar a las mutaciones al azar que ocurren en la naturaleza y que dan origen a variantes en los organismos vivos. Así, insertando genes de otras especies -por ejemplo en una planta de trigo- la dejamos con un insecticida biológico no tóxico incorporado, que mata solo al predador y no tiene efecto en otros organismos.
También por una modificación genética se puede conseguir que una planta crezca con menos agua, o con aguas salinas que matarían a cualquier planta corriente. etc. Lo mejor de la tecnología genética es que puede hacer desaparecer el uso masivo de pesticidas y fertilizantes que están arruinando los suelos de cultivo y las aguas subterráneas. Esto es un logro maravilloso que resuelve uno de los principales problemas de la agricultura de nuestro tiempo.
Como toda tecnología los transgénicos tienen inconvenientes y riesgos. El principal riesgo es que el consumo resulte perjudicial para la salud, hasta el momento tras un enorme consumo que ya lleva algunos años, solo se han detectado algunos problemas de tipo alérgico que han sido solucionados. Aparte de eso no han existido indicios de ningún daño a la salud por consumo. Siempre existe un riesgo para los productos nuevos, pero estos son riesgos potenciales, que vale la pena correr pues los riesgos actuales del uso masivo de pesticidas y fertilizantes son ciertos y conocidos.
Otro problema que se menciona son las patentes: el que quiera usar semillas transgénicas deberá pagar patentes durante los próximos 50 o más años. Bueno, es lo acostumbrado con los productos tecnológicos y seguramente el costo de la patente es más bajo que el de los fertilizantes y pesticidas, en caso contrario simplemente los agricultores seguirán usando los cultivos de antes.
Lo de la “contaminación” de cultivos es en buena parte un mito alimentado por Greenpeace y sus voceros. Las plantas transgénicas se diseñan para que sus semillas sean estériles -para que no las copien- y no he encontrado ningún reporte científico que demuestre polinización cruzada que, de existir, sería en cantidades mínimas. Lo que hay por millones son las publicaciones que denuncian la contaminación como un crimen de lesa humanidad, apocalipsis y tonteras por el estilo.
El concepto de “contaminación” que marketea Greenpeace es sobre los productos orgánicos, que consideran que la introducción de cualquier elemento que no sea “a la antigua”, sin ningún químico sintético, se considera contaminado. A mi me parece que lo lógico es que sean los granjeros orgánicos quienes se preocupen de aislar bien sus cultivos. Pretender prohibir los transgénicos para proteger los cultivos orgánicos es tan absurdo como tratar de prohibir todos los fertilizantes y pesticidas. Al poco tiempo nos morimos todos de hambre.
Claro que pueden haber abusos de las compañías por el cobro de patentes, pero para eso están las leyes y los tribunales. Prohibir los transgénicos a estas alturas y pretender seguir usando pesticidas y fertilizantes de manera masiva no es opción.

Iba a escribir algo sobre la curva de Kutznets, pero ya me alargué demasiado. Mejor lo dejo para mañana. Hasta entonces.

P.D. a propósito de la entrevista a mi mismo, el Tomás Jr. me mostró un video-currículum igualito, miren esto y díganme si no es lo mismo:

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