Tomas Bradanovic

12 junio, 2010

Los molestos recuerdos

Archivado en: allende, unidad popular — tombrad @ 9:50 pm
Por lo general soy un poco agresivo -por decirlo suavemente- cuando hablo de política, por esta vez trataré de moderarme entendiendo que una opinión en estas cosas es tan válida como cualquier otra. Pero llevamos más de 20 años con la instalación de lo políticamente correcto no solo desde la izquierda sino de parte de la propia derecha, que quieren sacudirse los años del Gobierno Militar como un recuerdo molesto, lástima que no se puede, no es tan fácil ignorar y hacer desaparecer un proceso tan importante de nuestra historia reciente.
Hay recuerdos molestos de traiciones y vueltas de chaqueta, como esta entrevista -que se “perdió” de la televisión chilena donde el ex presidente Patricio Aylwin defendía el golpe, cuando todavía creían que los militares les iban a entregar el gobierno en bandeja de plata, hay muchas otras cosas sobre las que vale la pena hacer memoria ya que desde hace muchos años han estado silenciadas. José Piñera se ha dedicado en los últimos días a traer varios datos y documentos de los años del gobierno de Allende, como yo también viví esos años y tengo viejas revistas y recuerdos, pondré algunas cosas por mi parte.
EL primer año de su gobierno Allende se dedicó a fijar los precios a niveles bajo los costos de producción, duplicar los sueldos (a los profesores les regaló graciosamente cuatro meses de sueldo), aumentó mucho la cantidad de empleados fiscales y profundizó la reforma agraria expulsando a los dueños y reemplazándolos por comités de campesinos. El resultado fue que Chile -que normalmente importaba alrededor de 140 millones de dólares en alimentos- en 1973 debió importar más de 700 millones, lo que dejó al estado sin reservas y al país sin alimentos.
A mediados de 1973 el comité económico informaba que habían 34.000 empresas de toda clase intervenidas por el gobierno con un resultado similar a la reforma agraria: la producción nacional casi llegó a desaparecer. Algo que hay que tener en cuenta es que no se entregó ni un solo título de propiedad a los campesinos ni menos propiedad de las empresas tomadas a los trabajadores, estos eran usados simplemente como un medio para que el estado se apropiara del aparato productivo. Con esa combinación de precios bajo los costos, sueldos multiplicados y aparato productivo quebrado en 1973 las cosas empezaron a desaparecer, lo único que había eran billetes: no había pan, alimentos ni nada que comprar, pero todos tenían muchos billetes, fue la primera gran inflación en América Latina.
Según recuerdo, lo que realmente enfureció a la gente fue cuando desaparecieron los cigarrillos, yo vi a mi mamá -que era gran fumadora- fumando pipa, el tabaco lo vendían a granel a muy buen precio, de las colillas botadas que recolectaban.
En 1973 la economía había disminuido en un 3.5% y el déficit de las empresas estatales era de cinco mil millones de dólares, equivalentes a las ventas de cobre -la principal y casi única exportación del país- de los 7 últimos años. La inflación oficial de ese año fue de un 740% y el déficit fiscal fue un 50% del presupuesto nacional. Las pérdidas de las empresas del estado equivalieron a otro presupuesto nacional completo y las reservas del Banco Central bajaron de 450 millones de dólares a 3.5 millones, la deuda externa subía un millón de dólares cada día. El déficit de balanza de pagos fue de 885 millones de dólares en 1973.
La Unidad Popular llegó al gobierno con mucho entusiasmo, el economista más prestigioso del país era Pedro Vuskovic, director del Instituto de Economía de la Universidad de Chile, quien hizo el famoso diagnóstico de la “capacidad ociosa” que explicaba la razón de el retraso económico de Chile (según el mismo, Chile era el segundo país más pobre de América Latina después de Haití). La hipótesis era que -con los medios productivos en manos del gobierno- la planificación económica permitiría aprovechar al 100% esa capacidad ociosa. Además aprovechó de subir los sueldos y congelar los precios para provocar un efecto reactivador por el lado de la demanda.
Todo salió mal, se perdió la batalla de la producción como la llamaban y el aparato productivo nacional quedó destruído en manos de los interventores estatales. Llegó la hiperinflación y la escases de alimentos, bienes y servicio de toda clase: las empresas no producían nada. En ese momento, el año 1972 más o menos entre Allende y los partidos de la Unidad Popular se empezó a decir que habían ganado el gobierno pero no el poder, que seguía en manos de una fantasmal oligarquía, muy útil para justificar el fracaso de diagnóstico e implementación.
El único camino posible a esas alturas era la conquista del poder total, como había dicho el presidente del Partido Comunista en 1970:
“El pueblo ha conquistado el gobierno, que es una parte del poder político. Ahora necesita afianzar esa conquista y avanzar todavía más, lograr que todo el poder político, que todo el aparato estatal pase a sus manos”. La conquista del poder total a la manera cubana siempre estuvo en la ideología y en las declaraciones de la Unidad Popular y se fue acelerando a medida que la situación se hacía más difícil.

En 1973 ya era la única salida, no había alternativa en la “democracia burguesa” para a Unidad Popular y por eso en septiembre el presidente del Partido Socialista, Carlos Altamirano, reconoció en un discurso que se había reunido con subversivos de la Marina y que lo volvería a hacer si fuese necesario. Ese fue el detonante del golpe, la Unidad Popular pensaba que tendría -a lo menos- el apoyo del Ejército porque su anterior Comandante en Jefe, Carlos Prats, era simpatizante de Allende y su gobierno.
Pero llegado un momento Prats se dio cuenta que no tenía respaldo de sus oficiales y renunció, Allende nombró -en un error que le costó la vida y el gobierno- al General Pinochet, quien, según su inteligencia, era simpatizante de la izquierda. Craso error, aparte del General Prats, practicamente no había ni un solo simpatizante de la izquierda en los altos mandos del Ejército. Probablemente el discurso de Altamirano fue una medida audaz para probar la reacción del Ejército y su nuevo Comandante en Jefe. Bueno, la probaron y todos sabeos los resultados. Pero eso da para otro día. Por hoy solo quería recordar lo que fue el gobierno de Allende y por que se produjo el golpe. Hasta mañana.

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