Tomas Bradanovic

16 octubre, 2007

La estética social-demócrata

Archivado en: estetica, social democracia, urbanismo — tombrad @ 12:35 am

Recordando el libro sobre la Cronología Gráfica de Valparaíso del que les hablaba anteayer, me puse a pensar en la uniformidad de la estética urbana en Chile, la modernización entre comillas que ha sido responsable de la destrucción de gran parte de nuestro patrimonio para ser reemplazado por un sistema estandarizado de plazas y paseos peatonales que van llevando a la uniformidad en todas las ciudades más o menos grandes del país.

Pensando de donde diablos salió esta nueva plaga, se me ocurrió la descabellada idea de que es parte de lo que podríamos llamar la estética social-demócrata, algunas ideas que nuestros arquitectos importaron desde Europa, principalmente de Francia y España, que ha modelado una buena parte de las remodelaciones de los últimos treinta años.

Los paseos peatonales Ahumada y Huerfanos de Santiago, pese a haber sido construídos durante los militares, fueron los pioneros de esta nueva estética, y sus adoquines, los faroles de fierro forjado y esas cosas de fierro como campanas que colocan en el suelo y quien sabe para que diablos sirven, son características. Igual cosa con la eliminación de los árboles de sombra en las plazas y sus substitución por arbustos, palmeras o especies decorativas. El antiguo concepto de plaza, como un lugar donde se va a dar una vuelta se ha transformado en un concepto medio fascista, de escenografía para grandes eventos. La social-democracia y el fascismo se tocan, por lo menos en lo estético, además que históricamente siempre han sido perros compitiendo por el mismo hueso.

Tal vez me estoy rayando, pero creo que muchas de estas modas de “lo urbano”, tienen un origen común en los regímenes social-demócratas como Francia y España, donde la política controla el arte y la arquitectura por medio de la plata y los fondos concursables. Otras manifestaciones típicas de esta estética oficial son las batucadas, los mimos, malabaristas y todas esas cosas que unos años atrás no existían y llegaron junto con las oficinas de cultura, donde los activistas políticos menores encuentran trabajo cuando no es época de elecciones, diseminando la palabra.

Como toda estética tiene sus elementos buenos y malos, y como todo lo dirigido desde el estado a través de la distribución de fondos es un 90% mala, sin embargo unos muy pocos casos de verdadero talento han surgido de este movimiento. En verdad yo recuerdo solo uno, y es el Gran Circo Teatro de Chile de Andrés Pérez, formado originalmente en Francia que desarrolló trabajos excelentes siguiendo todos los códigos de esta estética. Lo curioso es que llegado el momento, el propio estableshiment social-demócrata les dió vuelta la espalda y los dejó al garete, cuando les negaron el control de un importante centro cultural en beneficio del hijo de un notable político.

Lo peor de este movimiento estético es que está controlado por funcionarios, en el fondo los que mandan son los políticos y todo el aparato tiene que servir a sus propósitos, de la misma manera que la estética fascista durante Mussolinni/Hitler o la estética comunista de Stalin/Mao. Las plazas-escenarios, los paseos-escenografías, las supercarreteras, todos son carteles de propaganda, para nada subliminales, para que la gente piense que vive en un país que progresa gracias a la diligente dirección del Gran Hermano.

En fin, díganme paranoico o lo que quieran, pero cada vez que veo una remodelación que arrasa con la poca identidad que nos va quedando, cada vez que veo una vieja plaza convertida en un escenario para desfiles y concentraciones, pienso que no es casual, detrás de eso hay una intención, consciente o no de ir dominando políticamente a la chusma. He dicho compañeros, hasta la victoria siempre!.

>La estética social-demócrata

Archivado en: estetica, social democracia, urbanismo — tombrad @ 12:35 am

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Recordando el libro sobre la Cronología Gráfica de Valparaíso del que les hablaba anteayer, me puse a pensar en la uniformidad de la estética urbana en Chile, la modernización entre comillas que ha sido responsable de la destrucción de gran parte de nuestro patrimonio para ser reemplazado por un sistema estandarizado de plazas y paseos peatonales que van llevando a la uniformidad en todas las ciudades más o menos grandes del país.

Pensando de donde diablos salió esta nueva plaga, se me ocurrió la descabellada idea de que es parte de lo que podríamos llamar la estética social-demócrata, algunas ideas que nuestros arquitectos importaron desde Europa, principalmente de Francia y España, que ha modelado una buena parte de las remodelaciones de los últimos treinta años.

Los paseos peatonales Ahumada y Huerfanos de Santiago, pese a haber sido construídos durante los militares, fueron los pioneros de esta nueva estética, y sus adoquines, los faroles de fierro forjado y esas cosas de fierro como campanas que colocan en el suelo y quien sabe para que diablos sirven, son características. Igual cosa con la eliminación de los árboles de sombra en las plazas y sus substitución por arbustos, palmeras o especies decorativas. El antiguo concepto de plaza, como un lugar donde se va a dar una vuelta se ha transformado en un concepto medio fascista, de escenografía para grandes eventos. La social-democracia y el fascismo se tocan, por lo menos en lo estético, además que históricamente siempre han sido perros compitiendo por el mismo hueso.

Tal vez me estoy rayando, pero creo que muchas de estas modas de “lo urbano”, tienen un origen común en los regímenes social-demócratas como Francia y España, donde la política controla el arte y la arquitectura por medio de la plata y los fondos concursables. Otras manifestaciones típicas de esta estética oficial son las batucadas, los mimos, malabaristas y todas esas cosas que unos años atrás no existían y llegaron junto con las oficinas de cultura, donde los activistas políticos menores encuentran trabajo cuando no es época de elecciones, diseminando la palabra.

Como toda estética tiene sus elementos buenos y malos, y como todo lo dirigido desde el estado a través de la distribución de fondos es un 90% mala, sin embargo unos muy pocos casos de verdadero talento han surgido de este movimiento. En verdad yo recuerdo solo uno, y es el Gran Circo Teatro de Chile de Andrés Pérez, formado originalmente en Francia que desarrolló trabajos excelentes siguiendo todos los códigos de esta estética. Lo curioso es que llegado el momento, el propio estableshiment social-demócrata les dió vuelta la espalda y los dejó al garete, cuando les negaron el control de un importante centro cultural en beneficio del hijo de un notable político.

Lo peor de este movimiento estético es que está controlado por funcionarios, en el fondo los que mandan son los políticos y todo el aparato tiene que servir a sus propósitos, de la misma manera que la estética fascista durante Mussolinni/Hitler o la estética comunista de Stalin/Mao. Las plazas-escenarios, los paseos-escenografías, las supercarreteras, todos son carteles de propaganda, para nada subliminales, para que la gente piense que vive en un país que progresa gracias a la diligente dirección del Gran Hermano.

En fin, díganme paranoico o lo que quieran, pero cada vez que veo una remodelación que arrasa con la poca identidad que nos va quedando, cada vez que veo una vieja plaza convertida en un escenario para desfiles y concentraciones, pienso que no es casual, detrás de eso hay una intención, consciente o no de ir dominando políticamente a la chusma. He dicho compañeros, hasta la victoria siempre!.

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