Tomas Bradanovic

4 diciembre, 2007

Mi Valparaíso

Archivado en: valparaiso, viña — tombrad @ 11:28 pm

Algunos de ustedes habrán notado que puse una nueva sección Empresas de Amigos, nunca he querido colocar propaganda en mis web pero con mis amigos pero -como dice la Milena- puedo hacer una excepción. Mal que mal a la mayoría de ellos les debo favores.

Aunque yo no soy nada agradecido, igual, les recomiendo a todas esas empresas: Agromaderas, Rapa-Nui, Constructora Vermann, Klaxon y Cordada Cinco de don Badi. Saludos desde Arica para todos ellos y ojalá que se les llene la billetera con abundantes lucas.

En el comentario pasado salió el tema de Valparaíso y el dilema si es un lugar bonito o feo. Yo creo que es como ciertas mujeres que sin tener la cara perfecta resultan tremendamente atractivas. Valparaíso tiene muchos barrios ruinosos y decadentes, la mayoría del puerto vive del recuerdo de glorias pasadas, pero es un lugar muy interesante si lo miramos con cuidado.

Cuando yo era chico, en los años 60, teníamos que viajar todos los meses a Viña a con mi mamá, cobrar una minúscula pensión de la que vivimos durante muchos años. Mis recuerdos de Viña y Valparaíso son en blanco y negro, porque así era la tele , un lujo asiático en esos años que me deleitaba viendo en la casa de mi tía Berty en uno de los primeros Philco que se vendieron en Chile. Mister Ed, Los Invasores, El Fugitivo, El Show de Luis Dimas, ¡Batman! . Mi tía vivía en una enorme y preciosa casa en Recreo Alto, donde se subía por un costado de la Santa María, de esos años nació mi fobia a las alturas.

Nos íbamos en el tren ordinario, que paraba en todos lados; Til Til, Calera, Quilota, La Cruz y un montón de estaciones que ya ni recuerdo donde vendían sustancias y fruta. El tren salía de la Estación Mapocho y llegaba a la Estación de Viña en la Plaza Vergara. Cuando pasábamos a Valparaíso a visitar a la María Elvira -mi tía monja jubilada que vivía en el Ceerro Mariposa- seguíamos de largo hasta la Estación Baron. ¡Olor a azufre, llegó el diablo! refunfuñaba mi tía cuando nos aparecíamos, porque mi mamá era fumadora empedernida. A pesar de su mal genio y caracter brusco nos debe haber querido bastante porque cuando se murió nos dejó todas sus cosas.

La familia de mi mamá era del Almendral y en esos años en Viña era un pequeño pueblucho donde todo el mundo se conocía, recuerdo a mi tío Polo empleado bancario durante toda su vida, amable y ordenado, cuando se jubiló colocó una botillería en Calle Valparaíso y al poco tiempo perdió todo en un terremoto. Pero como era ordenadísimo siempre se mantuvo pudiente. Sus hijos Leo y Tita eran muy apegados a mi mamá y se quedaban en nuestra casa en Santiago siempre que podían.

También mis otros tíos Alvaro, aduanero y Flory, que vivían en un lindo departamento en 4 Norte (creo que era el 636) y tenían una camioneta Chevrolet Apache, lo máximo para esos años.Yo heredé muchos juguetes de mi primo Alejandro y también el interés por la electrónica, porque él fué el primer ingeniero electrónico de la familia. Su hermana Queca venía llegando de USA que era el non plus ultra en Chile para esos años y traducía lo que decían los programas en inglés en la tele, ante mi atónita mirada.

Viña y Valparaíso son como la película italiana de mi infancia. Allá vivía mi tía Mery que tenía una gran residencial en Uno Norte creo, vivía separada igual que mi mamá así es que teníamos una especie de alianza estratégica de apoyo mutuo para las vacas flacas. Cuando mi tía murió mientras dormía, de un ataque al corazón -la muerte típica de la familia- tres de mis cinco primos estuvieron viviendo en mi casa durante diferentes períodos. Nunca fuí tan felíz como en esos años.

Pasó el tiempo y mis padres se pusieron en la buena, lo que para mí fue una catástrofe enorme: me separé de mis primos, estuve un año en Arica en 1969 y luego cuatro años muy duros en Chiloé. Luego volvimos a Arica para unos años todavía peores. Pero no hay mal que dure cien años, el año 80 ya estudiaba en la universidad y tenía un trabajo que incluía una obligación muy agradable: como me había hecho muy amigo de los japoneses de la Casio, cada vez que alguno venía a Chile yo era el encargado de ir a Santiago a asegurarme que lo pasara bien.

No les podría contar detalles sin romper los límites de la decencia y las buenas costumbres, pero una de las cosas que hacía normalmente era arrendar un taxi por unos tres días y nos íbamos a Viña y Valparaíso. Entonces conocí la otra cara de Valparaíso, la de las picadas, la bohemia del Roland y el American bar (su casa), el Bote Salvavidas, los Siete Espejos y las innumerables y tradicionales casas de cita del puerto, ¡que no se note pobreza! decía mientras pedía otra botella de champagne.

Esa parte de los recuerdos la tengo en colores: a las 6 de la madrugada, terminando una larga noche en el casino de un sindicato, tomando café con un sandwich de sierra ahumada en marraqueta, ¡que caña! ¡que tiempos aquellos!. En fin, iba a escribir de otra cosa y me puse a chochear, pero ese es mi Valparaíso personal. La fotografía es de mi primo Leo, viñamarino de cepa y artista, que vive en Australia desde hace cientos de años, dicen que lo dejaron allá en uno de los viajes del Capitán Cook.

Mi Valparaíso

Archivado en: valparaiso, viña — tombrad @ 11:28 pm

Algunos de ustedes habrán notado que puse una nueva sección Empresas de Amigos, nunca he querido colocar propaganda en mis web pero con mis amigos pero -como dice la Milena- puedo hacer una excepción. Mal que mal a la mayoría de ellos les debo favores.

Aunque yo no soy nada agradecido, igual, les recomiendo a todas esas empresas: Agromaderas, Rapa-Nui, Constructora Vermann, Klaxon y Cordada Cinco de don Badi. Saludos desde Arica para todos ellos y ojalá que se les llene la billetera con abundantes lucas.

En el comentario pasado salió el tema de Valparaíso y el dilema si es un lugar bonito o feo. Yo creo que es como ciertas mujeres que sin tener la cara perfecta resultan tremendamente atractivas. Valparaíso tiene muchos barrios ruinosos y decadentes, la mayoría del puerto vive del recuerdo de glorias pasadas, pero es un lugar muy interesante si lo miramos con cuidado.

Cuando yo era chico, en los años 60, teníamos que viajar todos los meses a Viña a con mi mamá, cobrar una minúscula pensión de la que vivimos durante muchos años. Mis recuerdos de Viña y Valparaíso son en blanco y negro, porque así era la tele , un lujo asiático en esos años que me deleitaba viendo en la casa de mi tía Berty en uno de los primeros Philco que se vendieron en Chile. Mister Ed, Los Invasores, El Fugitivo, El Show de Luis Dimas, ¡Batman! . Mi tía vivía en una enorme y preciosa casa en Recreo Alto, donde se subía por un costado de la Santa María, de esos años nació mi fobia a las alturas.

Nos íbamos en el tren ordinario, que paraba en todos lados; Til Til, Calera, Quilota, La Cruz y un montón de estaciones que ya ni recuerdo donde vendían sustancias y fruta. El tren salía de la Estación Mapocho y llegaba a la Estación de Viña en la Plaza Vergara. Cuando pasábamos a Valparaíso a visitar a la María Elvira -mi tía monja jubilada que vivía en el Ceerro Mariposa- seguíamos de largo hasta la Estación Baron. ¡Olor a azufre, llegó el diablo! refunfuñaba mi tía cuando nos aparecíamos, porque mi mamá era fumadora empedernida. A pesar de su mal genio y caracter brusco nos debe haber querido bastante porque cuando se murió nos dejó todas sus cosas.

La familia de mi mamá era del Almendral y en esos años en Viña era un pequeño pueblucho donde todo el mundo se conocía, recuerdo a mi tío Polo empleado bancario durante toda su vida, amable y ordenado, cuando se jubiló colocó una botillería en Calle Valparaíso y al poco tiempo perdió todo en un terremoto. Pero como era ordenadísimo siempre se mantuvo pudiente. Sus hijos Leo y Tita eran muy apegados a mi mamá y se quedaban en nuestra casa en Santiago siempre que podían.

También mis otros tíos Alvaro, aduanero y Flory, que vivían en un lindo departamento en 4 Norte (creo que era el 636) y tenían una camioneta Chevrolet Apache, lo máximo para esos años.Yo heredé muchos juguetes de mi primo Alejandro y también el interés por la electrónica, porque él fué el primer ingeniero electrónico de la familia. Su hermana Queca venía llegando de USA que era el non plus ultra en Chile para esos años y traducía lo que decían los programas en inglés en la tele, ante mi atónita mirada.

Viña y Valparaíso son como la película italiana de mi infancia. Allá vivía mi tía Mery que tenía una gran residencial en Uno Norte creo, vivía separada igual que mi mamá así es que teníamos una especie de alianza estratégica de apoyo mutuo para las vacas flacas. Cuando mi tía murió mientras dormía, de un ataque al corazón -la muerte típica de la familia- tres de mis cinco primos estuvieron viviendo en mi casa durante diferentes períodos. Nunca fuí tan felíz como en esos años.

Pasó el tiempo y mis padres se pusieron en la buena, lo que para mí fue una catástrofe enorme: me separé de mis primos, estuve un año en Arica en 1969 y luego cuatro años muy duros en Chiloé. Luego volvimos a Arica para unos años todavía peores. Pero no hay mal que dure cien años, el año 80 ya estudiaba en la universidad y tenía un trabajo que incluía una obligación muy agradable: como me había hecho muy amigo de los japoneses de la Casio, cada vez que alguno venía a Chile yo era el encargado de ir a Santiago a asegurarme que lo pasara bien.

No les podría contar detalles sin romper los límites de la decencia y las buenas costumbres, pero una de las cosas que hacía normalmente era arrendar un taxi por unos tres días y nos íbamos a Viña y Valparaíso. Entonces conocí la otra cara de Valparaíso, la de las picadas, la bohemia del Roland y el American bar (su casa), el Bote Salvavidas, los Siete Espejos y las innumerables y tradicionales casas de cita del puerto, ¡que no se note pobreza! decía mientras pedía otra botella de champagne.

Esa parte de los recuerdos la tengo en colores: a las 6 de la madrugada, terminando una larga noche en el casino de un sindicato, tomando café con un sandwich de sierra ahumada en marraqueta, ¡que caña! ¡que tiempos aquellos!. En fin, iba a escribir de otra cosa y me puse a chochear, pero ese es mi Valparaíso personal. La fotografía es de mi primo Leo, viñamarino de cepa y artista, que vive en Australia desde hace cientos de años, dicen que lo dejaron allá en uno de los viajes del Capitán Cook.

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