Arreglar el paper me salió mucho más complicado de lo que había pensado, yo leo muy rápido y al principio me pareció que las observaciones eran solo formales. Pero en cuanto empecé a hincar el diente en las dos o tres correcciones en serio, se me abrió una caja de Pandora y empezaron a aparecer problemas que ni me había imaginado, el famoso artículo me ha costado un par de amanecidas y mucho trabajo aunque espero que cuando le agarre la hebra pueda echar a andar una maquinita de artículos, en fin, este es un entrenamiento nomás, no tiene matemáticas complicadas pero si un montón de cuestiones de concepto que me ha costado bastante resolver.
En fin, aquí está mi criatura, como la tengo hasta el momento. Debe tener decenas de errores porque cada vez que la reviso le encuentro un error nuevo. Mejor la dejaré reposar un rato porque ya me ha sacado varias canas. La vanidad intelectual es increíble, hacían más de 30 años que no sentía sus agradables cosquillas, la última vez debe haber sido a los 25 cuando aprobé el curso de teoría electromagnética con el Tito Torres ¡como me sentí inflado esa vez!, después de eso salí a ganarme el pan y me di cuenta que el electromagnetismo no me iba a servir para conseguir minas, ni para comprar un auto, ¡ni siquiera podía jactarme porque el grupo de los que conocían el asunto era minúsculo!.
Entonces tuve que entrar a competir a un mundo donde hasta el más bruto tenía ventajas respecto de mí: mejor apariencia; habilidades sociales; amistades, tantas cosas que me bajaron los humos en menos de un año. Tengo un amigo que ni siquiera terminó la escuela primaria y es millonario en dólares, me puede dar cátedra de vida-lo hace frecuentemente- y eso que yo aprobé el maldito curso de electromagnetismo.
Algunos resuelven el problema siguiendo la carrera académica -el síndrome de Belmont- pero la verdad es que cuando terminé de estudiar lo único que quería era alejarme de las salas de clase, las cosas de la vida porque ahora que me fue mal en el mundo real, ando asilado pituteando centavos en una oficina de la UTA, que diablos. Más encima me está volviendo esa peste que es la vanidad intelectual, tengo que agregar esa entrada a mi Diccionario de Vanidades.
Racionalmente tengo claro que el artículo es muy básico, no tiene nada especial y solo alguien que no conozca nada de matemáticas podría impresionarse con las fórmulas de sumatoria o con la simulación, que es solo meter datos en un software de programación lineal. Pero igual ando cacareando como si hubiese inventado la pólvora. Es que estando en la miel todo se pega. Creo que -por la salud de mi mente- tendré que buscar otra manera de ganarme el caviar, lejos de la universidad.
Tengo que preparar una presentación porque mañana nos reunimos en el Proyecto de Integración desde Fronteras en el Hotel El Paso y los que les tocaba exponer primero me dijeron que estaban atrasados y si podía partir yo mejor. No hay problema, lo preparo en un ratito, mañana temprano estaré en el bla-bla-bla; glu-glu-glu; ñam-ñam-ñam; bla-bla-bla. Así son esas reuniones, vamos a ver si avanzamos en algo. De ahí les cuento.

