Tomas Bradanovic

4 noviembre, 2010

>Vanitas vanitatium

Archivado en: vanidad — tombrad @ 4:20 pm

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Arreglar el paper me salió mucho más complicado de lo que había pensado, yo leo muy rápido y al principio me pareció que las observaciones eran solo formales. Pero en cuanto empecé a hincar el diente en las dos o tres correcciones en serio, se me abrió una caja de Pandora y empezaron a aparecer problemas que ni me había imaginado, el famoso artículo me ha costado un par de amanecidas y mucho trabajo aunque espero que cuando le agarre la hebra pueda echar a andar una maquinita de artículos, en fin, este es un entrenamiento nomás, no tiene matemáticas complicadas pero si un montón de cuestiones de concepto que me ha costado bastante resolver.
En fin, aquí está mi criatura, como la tengo hasta el momento. Debe tener decenas de errores porque cada vez que la reviso le encuentro un error nuevo. Mejor la dejaré reposar un rato porque ya me ha sacado varias canas. La vanidad intelectual es increíble, hacían más de 30 años que no sentía sus agradables cosquillas, la última vez debe haber sido a los 25 cuando aprobé el curso de teoría electromagnética con el Tito Torres ¡como me sentí inflado esa vez!, después de eso salí a ganarme el pan y me di cuenta que el electromagnetismo no me iba a servir para conseguir minas, ni para comprar un auto, ¡ni siquiera podía jactarme porque el grupo de los que conocían el asunto era minúsculo!.
Entonces tuve que entrar a competir a un mundo donde hasta el más bruto tenía ventajas respecto de mí: mejor apariencia; habilidades sociales; amistades, tantas cosas que me bajaron los humos en menos de un año. Tengo un amigo que ni siquiera terminó la escuela primaria y es millonario en dólares, me puede dar cátedra de vida-lo hace frecuentemente- y eso que yo aprobé el maldito curso de electromagnetismo.
Algunos resuelven el problema siguiendo la carrera académica -el síndrome de Belmont- pero la verdad es que cuando terminé de estudiar lo único que quería era alejarme de las salas de clase, las cosas de la vida porque ahora que me fue mal en el mundo real, ando asilado pituteando centavos en una oficina de la UTA, que diablos. Más encima me está volviendo esa peste que es la vanidad intelectual, tengo que agregar esa entrada a mi Diccionario de Vanidades.
Racionalmente tengo claro que el artículo es muy básico, no tiene nada especial y solo alguien que no conozca nada de matemáticas podría impresionarse con las fórmulas de sumatoria o con la simulación, que es solo meter datos en un software de programación lineal. Pero igual ando cacareando como si hubiese inventado la pólvora. Es que estando en la miel todo se pega. Creo que -por la salud de mi mente- tendré que buscar otra manera de ganarme el caviar, lejos de la universidad.
Tengo que preparar una presentación porque mañana nos reunimos en el Proyecto de Integración desde Fronteras en el Hotel El Paso y los que les tocaba exponer primero me dijeron que estaban atrasados y si podía partir yo mejor. No hay problema, lo preparo en un ratito, mañana temprano estaré en el bla-bla-bla; glu-glu-glu; ñam-ñam-ñam; bla-bla-bla. Así son esas reuniones, vamos a ver si avanzamos en algo. De ahí les cuento.

21 abril, 2010

Dress for sucess

Archivado en: vanidad — tombrad @ 4:12 pm


Con tal que luzcas bien exteriormente, todo te irá de las mil maravillas, algo así eran los consejos que daba Mefistófeles a los estudiantes de Fausto. ¡Que diablo más simpático! casanova, atrevido y confundido cuando las cosas no le resultaban, porque no por ser Mefisto todo le salía bien, es el mejor retrato del diablo que he conocido. Ese Goethe si que escribió un buen libro, claro que el Fausto es lo único que he leído de él, algún día le hincaré el diente a los demás.

Como ingeniero machote siempre he pensado que preocuparse por la apariencia es cosa de afeminados, conozco a muy pocos ingenieros vanidosos, somos optimizadores por vocación y doctrina, nuestros modelos son nerds, genios locos mal vestidos, tartamudos, feos, sobre todo mal vestidos, eso de “bien vestido bien recibido” no se escribió para los que estudiaron ingeniería. Para mi un tipo que tiene que usar corbata es digno de lástima y siempre he tenido feas sospechas de tipos como Marco Enriquez Ominami que no se saca el terno ni para ducharse.
Si algún tipo se preocupa por su apariencia -en mi opinión- es un pobre diablo que no confía en lo que vale y cree que tiene que disfrazarse para impresionar a los demás, ah y también tengo mis dudas sobre su hombría, en el sentido más amplio de la palabra. Todo esto lo escribo mientras miro la corbata que me tendré que poner este fin de semana. Bah, que me importa, supongo que es como ir a una fiesta de disfraces y si me da problemas disfrazarme entonces sería un vanidoso. Los ingenieros machotes no conocemos la vanidad por la apariencia. aunque de las otras mejor ni hablar, nunca he conocido a un ingeniero que no esté íntimamente convencido de ser superdotado, un John Holmes del intelecto, es la deformación profesional más característica. Y los más humildes son los peores, tienen los egos más exagerados.
A propósito una anécdota que parece que no he contado acá. Cuando me invitaron a Tokio en 1983, mis jefes me dijeron que obligadamente debería ir vestido de terno y corbata, de otro modo no me iban a recibir, así es que nos fuimos a la tienda de ropa de los Machiavello a comprar un blazer azul con botones dorados, pantalón gris y una corbata en tonos de azul y celeste: dress for sucess, ni que decir que me sentí muy incómodo sobretodo por los zapatos: toda mi vida había usado zapatillas.
La mañana que llegué al Cuartel General de la Casio Computer Corp. (pisos 39 y 40 del Edificio Sumitomo) con mi maletín James Bond lleno de las mentiras que había escrito durante el viaje, me encuentro con un argentino que andaba en lo mismo que yo, ¡pero el tipo iba en bermudas, camisa afuera y zapatillas! siempre he admirado el desparpajo de los porteños pero esa vez mi admiración tocó el cielo, el tipo andaba feliz como si estuviese vestido de gala. Claro que era comprador y millonario. eso puede ayudar un poco.
La cosa es que la semana que pasé en Tokio me hice muy amigo de los japs que eran gerentes y subgerentes de área, medios pollos igual que yo y al terminar el trabajo salíamos al barrio de Shinjuku que está repleto de callejones con bares minúsculos, y nos metíamos a uno donde eran clientes frecuentes y hasta donde yo recuerdo, no pasó una noche sin que nos emborracháramos.
Pasábamos todo el día peleando y presionando, me tocaba tomar el pedido del mes que era casi un millón de dólares, ellos tenían órdenes de colocarme la mayor cantidad posible de basura, modelos que no se vendían ni regalados y yo tenía la misión de llevar todos los caramelos que pudiera -que soltaban con cuentagotas- Era un asunto agotador y colocaban a cinco contra mi, en el día se iban turnando.
Pero al salir del trabajo todo cambiaba, íbamos a emborracharnos y hablar mal de nuestros respectivos patrones, esa era la parte más divertida de mi visita porque después de muchas cervezas las diferencias culturales y de protocolo desaparecen y empezábamos a hablar en confianza.
En esos años -no se si todavía será igual- los jefes no tenían oficina privada, todos trabajaban juntos en escritorios iguales en medio de un desorden gigantesco con perchas de ropa, cafeteras y marañas de cables por el suelo, y a mi se me ocurrió preguntarles como se diferenciaban los jefes del resto del populacho, mis amigos Satoh, Itoh y Tanifuji se miraban entre ellos y se reían, hasta que al final me lo explicaron.
Se diferenciaban solo por el terno: el gerente de división, una especie de capo di tutti capi a nivel local, usaba ternos oscuros con rayas muy finas. Los gerentes de área, o sea medios pollos, usaban colores negro o azul pizarra, los oficinistas del montón usaban terno gris o azul marino… y los mensajeros o trainees, lo más bajo de la escala, ¡usaban chaqueta azul y pantalón gris, tal como llegue yo vestido!, al día siguiente me los mostraron y me di cuenta que era cierto, no era una broma.
Lo que me quedó dando vuelta es que mis jefes habían viajado a Japón durante años, dos o tres veces por año y jamás se habían dado cuenta de eso, naturalmente nadie se los había dicho porque nunca habían tenido el minuto de confianza. En fin, lo del argentino en bermudas y mi terno de mensajero me quedó dando vueltas en la memoria durante muchos años.
En fin, Vanitas vanitatum omnia vanitas, vanidad de vanidades, todo es vanidad, en latín la palabra significa “vacío” cosa que parece bastante apropiada. Y como soy un gran vanidoso mejor me voy a dormir para disfrutar de mis sueños de grandeza, ya llegarán, el día menos pensado.

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