Tomas Bradanovic

1 febrero, 2011

>Sinvergüenzas y un gran libro

Archivado en: vicente perez rosales — tombrad @ 10:21 am

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El carnaval Con la Fuerza del Sol se hace todos los años en Arica y se ha convertido en uno de los espectáculos más característicos del verano en nuestra ciudad. Parece que estos bailes -al menos los grupos urbanos- son una costumbre más o menos reciente importada de los carnavales en Bolivia y tienen una gran participación aimara de los descendientes de bolivianos que trabajan en el Valle de Azapa. El espectáculo es masivo y muy colorido, aunque un poco monótono para los que no entendemos la lógica de los bailes.

Esta fiesta es el sucesora de la Ginga, un carnaval al estilo brasileño que se hacía con las juntas de vecinos y que al parecer terminó por peleas de plata en disputa por los premios. Han pasado los años y volvemos a ver lo mismo, los dirigentes de las asociaciones de baile no quieren permitir que entren nuevas cofradías y la mayoría de los concejales votaron por que no se entreguen premios si los bailes establecidos insisten en mantener un monopolio. Típico de Arica: dirigentes codiciosos buscando su provecho personal lo echan todo a perder. Una vez más.
Leyendo los comentarios locales por Internet me doy cuenta como se extiende el nivel de sinvergüenzura por toda la ciudad, todos buscan acomodarse, sacar plata o beneficios del fisco insultando y haciendo zancadillas a cualquiera que se les atraviese. La política local y las dirigencias están podridas, cada día aparecen más aprovechadores y caras de palo. Ah, que se vayan al diablo malditos sean.
Pero que me preocupo, si estas cosas no tienen nada que ver conmigo. Solo que a veces me da por meterme en lo que no me importa y por aparentar que me preocupa más el bien ajeno que el propio, como esos orates tocados por el espíritu de servicio público. A propósito de servidores públicos veo esta estupenda descripción de Vicente Pérez Rosales en su libro Recuerdos del Pasado:
“Había recorrido, en el sentido de descender, los últimos peldaños de la frágil escala de la fortuna; había llegado en California al que entonces me parecía el último de todos, al de criado de mano, y ni por las mientes se me pasaba que aun me quedaba otro más inferior aun donde pisar, el de empleado público de menor cuantía. Porque yo ignoraba que empleos para criados en todas partes sobran, al paso que en todas partes faltan empleos para los que no lo son.

El criado, o por ingratitud o por ofensa brutal de su amo, alegre le abandona, porque sabe que en la casa vecina, si no mejora de condición conservará la que antes le sustentaba; al paso que el empleado que deja su puesto, con gusto suyo o contra su gusto, en vez de encontrar análoga colocación en otra parte, sólo encuentra decepciones, hambre y miserias, si no se deja de noblezas”.

Los que ambicionan un puestecito en la adminsitración pública deberían leer esos párrafos, están llenos de verdad: solo les esperan decepciones, hambre y miserias, si no se dejan de noblezas. Que gran libro de Pérez Rosales, nunca me canso de releerlo.

30 julio, 2008

¿Grandes chilenos? aquí tienen uno

Archivado en: vicente perez rosales — tombrad @ 11:25 pm


Suena bien cursi eso de un libro inspirador, pero cuando estoy aproblemado hay libros que me arreglan el ánimo rapidito. Uno que me encanta es Recuerdos del Pasado, la autobiografía de Vicente Pérez Rosales que fue uno de los chilenos más grandes que hemos tenido y a quien el país le debe mucho a pesar -o gracias a- que jamás se metió en la política.

Pérez Rosales tuvo una vida perseguida por una increíble mala suerte, nació hijo de una familia aristocrática y alcanzó a conocer Santiago cuando Chile era una colonia española, es una delicia leer como recuerda el Santiago de esos años con una visión realista y ácida que debe haberse acercado mucho a la realidad: un pueblo de techos bajos, oscuro y sucio, una de las mejores cosas de su pluma es que no embellece nada de sus recuerdos así es que al leerlo da una gran impresión de realidad.

Al llegar a adolescente lo mandaron a París como todo hijo de familia rica, y cuenta los años que pasó allá entre diversión, revoluciones y el más delicioso far niente. Pero los estudios se terminaron y tuvo que volver cuando su familia ya no era pudiente, con mucha gracia cuenta como el brillo del recién llegado, preferido por las niñas bien por su olor a Francia, se empezó a desvanecer en cuanto preguntaban ¿cuanto tiene? o ¿a qué se dedica?. Entonces se embarcó con su hermano y primos a California justo cuando empezó la fiebre del oro. Allá pasaron aventuras increíbles, ganaron una fortuna y la perdieron de un día para otro en uno de los muchos incendios que arrasaban San Francisco de tiempo en tiempo. La foto de abajo es parte de su cuaderno de viaje en esa aventura


Y de vuelta en Santiago con poca plata en el bolsillo empezó a probar con mil oficios: se hizo periodista y casi lo meten preso por difamación, puso una destilería de licores que fracasó estrepitósamente, igual que su negocio de venta de telas, de boticario y muchos otros: cada cosa que hacía era un fracaso. Así es que se fué a Copiapó a intentar la minería de la plata. Vivió allá como un salvaje entre los cerros y aprendió las mil mañas y estafas de un minero, por supuesto que siguió perdiendo la poca plata que le iba quedando.

Volvió a la zona central y se hizo agricultor, de allí pasó a contrabandista de ganado para Argentina donde arriesgó la vida muchas veces, allí conoció y se hizo amigo del principal sicario del cura Abtao, que era un tirano que gobernaba una buena parte de Argentina en esos años de anarquía. De esa aventura salió arruinado una vez más, cuenta que un día estaba mirando pensativo un caballo, en lo más profundo de sus deprimidos pensamientos, cuando se le acercaron a ofrecerle que escribiera en un pasquín de la prensa amarilla contra el gobierno de Montt, oferta que rechazó indignado sin pensarlo dos veces.

Ya viejo y bastante desanimado, finalmente llegó su día de suerte: alguna vez, muchos años atrás le había hecho desinteresadamente un favor a un agricultor que estaba en la ruina y le llevó a vender el último ganado que le quedaba, pasaron los años y lo llaman de un ministerio para ofrecerle un trabajo, resultó que el ministro era ese mismo agricultor empobrecido ahora convertido en un magnate de la minería: Carlos Cousiño que le preguntó que puesto quería, que solo le dijera y lo nombraban.

Todavía sediento de aventuras, Pérez Rosales no pidió un cómodo y seguro puesto burocrático, sino que uno muy incierto y arriesgado: traer colonos alemanes a la selva impenetrable que en ese entonces era el sur de Chile. Tuvo millones de dificultades y críticas, estuvo en peligro de muerte en muchas de sus exploraciones pero ese era su destino y su oportunidad para la gloria, la inmigración alemana finalmente empezó a prender y poco a poco el sur de Concepción, que era pura selva impenetrable, comenzó a ser dominado. Muy pocos chilenos han hecho un aporte tan fundamental al país como Pérez Rosales, el solo acompañado de un indio de la zona descubrió y fundo Puerto Montt (en esos años el gran Manuel Montt era presidente y Antonio Varas su ministro).

De allí en adelante terminó la mala suerte para don Vicente, se casó con una viuda rica y sus últimos años los paso en Hamburgo dándose la gran vida como un -ya famoso- agente de inmigración del Estado Chileno, allá se hizo muy amigo de Alexander Von Hundboldt que fue el Einstein de su época y todos vivieron felices comiendo perdices, hasta pasar a mejor vida.

Me encanta leer ese libro una y otra vez porque es una confirmación empírica que el mundo es de los porfiados, que no hay mal que dure 100 años ni …. que lo aguante, y por último me da la esperanza que ya viejo todavía podría llegar mi día y aparecer una viuda rica que me mantenga a mi a la Pilar y financie al Tomás Jr. para que se convierta en el típico vago inútil hijito de su papá, eso es lo que aspira todo padre ¿o no?.

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