La mitología griega es bien interesante porque cada dios representaba un arquetipo, un modelo de las características que todos tenemos dentro. Por ejemplo en cada uno de nosotros hay un Apolo, joven imberbe, dios de la luz y el sol, la verdad y la profecía. Apolo es hermoso y lo identificamos con la perfección y la simetría, Apolo es la razón y el espíritu puro.
Pero en otra parte de nosotros tenemos a Dionisios, Baco para los amigos, dios del vino que inspira la locura ritual y el éxtasis, Baco libera nuestra parte animal porque representa a la fuerza de la naturaleza contra la razón apolínea, también nos libera de todas las preocupaciones gracias al vino. Leo en un entretenido artículo de Rodrigo Alvarado:
Persecuciones sobre el culto a Baco: El cónsul Espurio Postumio persiguió en el año 186 a.C. a cualquier persona relacionada con los misterios de Baco, un culto que llevaba algunas décadas celebrándose en Roma. Tras forzar con amenazas a un testigo y luego establecer altas recompensas para los delatores, Postumio cerró las puertas de la ciudad e hizo que fueran pasadas a cuchillo o sacrificadas unas 7.000 personas, sin otorgar ninguna de las garantías del proceso judicial romano.
Seis años más tarde un magistrado se quejaba porque “tras 3.000 nuevas condenas no se ve, ni con mucho, el fin de este monstruoso proceso”. En realidad la llamada “peste dionisiaca” duró exactamente tanto como su persecución, y cesó cuando Baco fué asimilado de modo oficial a Líber, el viejo Dios Romano.
El culto a Baco se hacía por medio de bacanales, fiestas desenfrenadas donde los fieles llegaban al éxtasis y la locura gracias al vino y quien sabe que otras cosas, como escribió Vargas Llosa en Lituma en los Andes, la idea era sacar a pasear al animal que llevamos dentro “¡libere a su animal!” decía un personaje de esa oscura novela.
Tal vez la más famosa y trascendente se refiere a la ceremonia de bautizo del Grat Republic, cuyo propietario, en 1853, tuvo la idea de publicitar muy asiduamente su botadura entre personas de los movimientos antialcoholicos, destacando especialmente que se bautizaría con agua.
Poco después de cargar el clipperpor primera vez, se prendió fuego espontáneamente, se incendió, e igual suerte corrió el resto de las naves ancladas en la bahía.
Desde entonces el agua, para estos menesteres, está proscrita.
