Estaba viendo los primeros videos de Cho Seung-Hui en el sitio de CNN, el discurso es previsible, habla como una víctima y se compara con Jesucristo crucificado, odia a los ricos con sus mercedes, whiskey y cognac, ellos tienen la culpa de todo, lo empujaron.
El nivel de egolatría de estos tipos es increíble, detrás de tanta envidia tiene que haber un ego enorme y una tremenda frustración de no poder conseguir lo que cree que se merece. No habló ni una palabra de su fracaso con las mujeres que probablemente es la madre del cordero en el origen de su resentimiento. He conocido muchos tipos parecidos.
El problema de fondo en todo esto es la compasión. Al ver al pobre coreano miserable, rechazado por las mujeres y rabioso porque vive en un mundo de tipos más altos, mejor parecidos y con más plata, un tipo lleno de grandes expectativas que va acumulando humillaciones, una tras otra, como se acumulan las monedas en el bolsillo de un avaro. Al final la montaña de humillaciones es tanta que solo le queda explotar.
Es humano, es explicable, nos ponemos en su lugar y nos da pena, porque estamos condicionados desde chicos por la moral cristiana a sentir simpatía por el débil y por el que sufre. Ahi está el problema. Como bien escribió Nietsche es la inversión de todos los valores, el débil, el tonto debe ser protegido, tiene derecho a todo lo que ambiciona, y si no lo tiene es víctima de un sistema injusto.
La envidia se disfraza de afan de justicia, entonces ya no es culpa del tonto por sacarse malas notas, ni del feo por no tener éxito instantáneo con las mujeres, es una cuestión de injusticia, un sistema cruel que lo excluye por ser tonto y feo. Galbrath escribió en los setentas sobre este cambio de expectativas: con la masificación de las democracias todos comenzaron a exigir bienestar material, salud y felicidad como derechos naturales. En realidad no hay nada menos natural que eso.
En el blog de Fernando Flores leo el siguiente párrafo “De acuerdo a un estudio que fue realizado recientemente por un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Diego, y que fue publicado en la revista Nature, los seres humanos tenemos una tendencia a la igualdad”.
Curioso leí un poco más sobre el experimento que -a primera vista- demostraría que las personas tienden a ser buenas, solidarias y generosas con los más pobres. Nada de eso, lo que mostraban en verdad eran los efectos de la envidia “Según los investigadores es la ira y el enojo hacia las personas que ganan más lo que mueve a los participantes hacia esta política”..
No necesitaban hacer ningún experimento sofisticado para darse cuenta que la envidia es un motor poderoso de nuestras acciones y que podemos incluso actuar contra nuestro propio interés por la satisfacción de chaqutear para abajo a alguien que está mejor que nosotros ¿que mejor muestra que el coreano asesino? no ganaba nada matando a otra gente, simplemente lo hizo porque le causaba una gran satisfacción personal.
La compasión hacia los envidiosos es generalizada, los delincuentes, los sinverguenzas, los asesinos, los que salen a romper todo durante las protestas, son pobres víctimas de un sistema injusto, que no les permite tener lo que ellos quieren. Hay una muy profunda estupidez detrás de ese argumento que supone que todo el mundo tiene derecho a ser feliz y que la sociedad es responsable de asegurar ese derecho. Si algún día se escribe la historia de la infamia de las ideas, esta idea, que glorifica la envidia, sería una de las peores.