Tomas Bradanovic

17 febrero, 2011

>Los poetas de la política y el capitán afortunado

Archivado en: concepcion, intendenta, wateree — tombrad @ 1:03 pm

>Me carga la poesía. Bueno, no es completamente cierto porque me encanta leer muchas cosas de Pablo Neruda, de Quevedo, Shakespeare y otros pero lo que no soporto es la poesía de la vida diaria, de los que dicen las estupideces más grandes con palabras bonitas y apasionadas. La poesía política siempre ha sido un arte mayor para engañar a los giles, desde los grandes tribunos hasta Ricardo Lagos apuntando a la cámara con el dedo. Siempre terminan en un fiasco, miren a Lagos.

Los poetas políticos siempre apelan a la moral, se suben arriba de un pedestal y sentencian, elevando al olimpo a los buenos y mandando al infierno a los malos. Obviamente siempre es la moral que les conviene a sus propios intereses. Los peores abusos y las mayores estupideces siempre tienen un fundamento moral, así es que son indiscutibles.
Es el caso de la intendenta de Concepción que fue acusada de “mentir” en una reunión con pobladores ¡por Dios! si la mentira fuese delito no habría un solo político en el mundo fuera de la cárcel. Creo que el gobierno hizo lo correcto en respaldarla y no aceptar el chantaje mediatico, en el que cayó la mayoría de la opinión pública nacional, básica e irremediablemente fácil de engañar. Que aleguen todo lo que quieran, yo creo que no había motivo para una destitución, aparte de dejar contento al morbo popular.
No creo que sea comparable al caso de Yasna Provoste, donde efectivamente se robaron muchos millones en su ministerio. Claro que le pueden hacer una acusación constitucional y la intendenta sabrá si renuncia antes o la enfrenta, ese es el juego político. A mi me importa un pepino el futuro de la intendenta, por quien no tengo ninguna simpatía, pero tampoco me gusta que manipulen mi opinión como si fuera un estúpido. Seré tonto pero no tanto.
Las calderas del Wateree, son una de las curiosidades de Arica. Rooney Valcarce, ariqueño neto y regular de este Club de Ociosos se ha dedicado a investigar algunas de estas rarezas y me envía la historia del capitán James Henry Gillis, comandante del Wateree, que justo se encontraba en tierra en el momento de la aventura.
En mi diccionario de curiosidades de Arica, coloqué una nota de la historia espeluznante y la increíble buena suerte de este barco y de su comandante, el “Capitán encantado” que no perdió a ningún tripulante en combate durante su carrera. La historia es más o menos así:
Wateree: la aventura del buque de la armada norteamericana “Wateree” es parte importante del folklore urbano de la cuidad, fue sumamente extraña y todavía quedan vestigios del afortunado barco.

En agosto de 1868, junto con varios barcos más estaba fondeado a una milla de la costa ariqueña revisando sus maquinas antes de emprender la vuelta a su país, A las cuatro de la tarde comenzó el terremoto y el buque comenzó a moverse con violencia, una enorme nube de polvo y el estremecimiento de la tierra con gran estruendo dejó horrorizados a sus tripulantes, el terremoto duró unos cinco minutos. Cuando se disipó el polvo pudo verse la ciudad completamente en ruinas mientras gran cantidad de gente se agolpaba en el muelle pidiendo auxilio a las naves. Se envió a tierra un bote con trece tripulantes cuando vino el segundo terremoto, igual de violento que el anterior, luego una inmensa ola tragó a toda la gente del muelle, incluidos los tripulantes desembarcados en el bote., un tercer terremoto vino enseguida mas fuerte que los anteriores y el mar se recogió “hasta donde alcanzaba la vista” quedando peces y animales marinos agonizando sobre el fondo seco, todos los barcos del puerto se dieron vuelta de costado, excepto el Wateree que tenía el fondo plano, allí vino la inmensa ola que tapó a todos los barcos, excepto al Wateree que subió sobre la ola gigantesca gracias a su fondo plano. Todas las demás tripulaciones desaparecieron.

El mar se volvió loco, enormes olas chocaban entre si y barrieron los enormes cañones situados en la Isla del Alacrán, tapando el fuerte que allí existía con varios metros de agua, las locomotoras, vagones y maquinaria pesada del ferrocarril a Tacna desaparecieron y nunca más se supo de ellos.

El Morro se derrumbó en enormes pedazos y quedaron al descubierto cientos de momias de los cementerios indígenas de sus laderas. Muchos marineros creyeron sinceramente que había llegado el día del juicio final mientras el Wateree bailaba como una caja de fósforos a merced de las terribles olas. Así llegó la noche y el barco era arrastrado con enorme violencia por las olas del maremoto, finalmente, a las ocho el barco se montó sobre la mas grande ola del maremoto, una verdadera muralla de agua y fue arrojado desde la cima de la ola varios kilómetros tierra adentro.

Esta rara fotografía fue tomada pocos días después del maremoto, el Wateree botado tierra adentro es observado por unos curiosos en mula, al fondo la fragata peruana “América” también varada

Aporreados pero ilesos , los tripulantes del Wateree bajaron a tierra a la luz de linternas, sin poder creer la aventura que habían pasado. El Wateree quedó así varado varios kilómetros tierra adentro a los pies de los cerros que enfrentan la Playa las Machas. Como no era factible llevarlo hasta el mar, el barco fue desmantelado y puesto a remate, un empresario soñador (típico ariqueño) lo compró para convertirlo en hotel, pero luego del terremoto vino un violento brote de malaria y la hotelería no era un negocio muy factible que digamos, luego sirvió de hospital y finalmente de bodega. En 1877 un nuevo maremoto azotó a la ciudad, esta vez con menos daño, pero igual la resaca de agua llegó hasta el pié de los cerros donde estaba el Wateree y lo arrastró, destruyéndolo completamente hasta cerca de la playa Chinchorro. Donde todavía hoy podemos ver sus calderas. El Wateree fue probablemente protagonista de una de las más aterradoras y extrañas aventuras en historia marítima.


Y esto es todo lo que queda ahora. Polvo somos y en polvo nos convertiremos. Hasta mañana.

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