Tomas Bradanovic

6 noviembre, 2009

Sección de libros

Archivado en: digest, readers, watts — tombrad @ 10:20 am


Quizá el mejor modo de abordar el presente libro sea el de pedir al lector que imagine que, mientras asiste a una solemne ceremonia religiosa en una gran catedral adornada con velas, incienso, cánticos de monjes y sacerdotes ataviados con ropajes de color blanco, púrpura y oro resplandecientes, alguien reclama misteriosamente su atención al tiempo que le dice “¡Pssst! venga conmigo, quiero enseñarle una cosa”. Entonces sigue a esa persona, sale por una puerta lateral ubicada en el ala oeste, y rodea el edificio hasta llegar al otro extremo, en donde se encuentra una pequeña puerta que conduce a la sacristía, el equivalente religioso a los camerinos de los teatros. Estamos, pues, a punto de cruzar lo que en lenguaje mundano se conoce como la entrada de artistas, un lugar desde el que podemos distinguir a un par de sacerdotes -vestidos con sus trajes ceremoniales- encendiendo un cigarrillo.


Traslademos ahora esta escena al cielo y supongamos que, en su lugar, estamos asistiendo a una reunión de los santos y de los ángeles en torno al Dios Padre. Imagine ahora que soy yo el que tiro de la manga de su chaqueta y le digo “¡Pssst! Sígame” Temo que haya quien considere esta imagen no solo irreverente sino también blasfema y que el único que, ante el trono de Dios se atrevería a interrumpir de ese modo sería el mismo diablo.

Pero quiero comenzar advirtiendo claramente al lector, que nada se halla más lejos de mi intención que menospreciar, ofender o ridiculizar a las cuestiones religiosas y que no pretendo en consecuencia, representar el papel del diablo sino, muy al contrario, desempeñar el papel de bufón de la corte, una función que estoy seguro que también existe -y muy especialmente- en el cielo.

Qienes conozcan la historia y la tradición de los bufones de la corte sabrán que estos personajes, no se limitaban a hacer reir a la gente y tampoco es mi intención, en ese sentido, contar chistes a costa de la religión. La verdadera función del bufón era la de conseguir que los reyes se sintieran más humanos -y, con un poco de suerte, hasta más compasivos.
Así empieza el divertido libro de Alan Watts “Más allá de la teología: el arte de ser Dios” que me tiene muy entretenido, Watts redacta párrafos demasiado largos, pero es agudo y divertido así es que, a medida que vaya leyendo copiaré algunos de los párrafos que me llamen la atención para hacerles una especie de Reader´s Digest del libro (los más veteranos seguramente recordarán la sección de “libros condensados” de esa extraordinaria revista). Mi tocayo Tom “the sage” me cuenta que conoció a Watts en California, muchos años atrás y que era tan simpático en persona como cuando escribía.
Mucho tiempo atrás escribí sobre el Reader´s y como me había entretenido en mi tierna juventud leyendo cientos de esas revistas. También escribí de como se había echado a perder después de la muerte de sus fundadores, De Witt y Lilla Wallace (¿existirá alguna tontera de la que no haya escrito antes?) . ¿Cual fue el secreto del éxito del Reader´s durante tantos años? alguna vez leí una entrevista a sus fundadores donde decían que a la revista le había ido tan bien porque sus selecciones estaban en sintonía con los temas que le interesaban a la gente, para eso tenían un gran equipo de recopiladores y un comité de selección que trabajaba muy duro decidiendo mes a mes los artículos que se iban a publicar.
Bueno, la cosa es que en los años 90, cuando probablemente los dueños ya estaban viejos y alejados de la toma de decisiones, la revista comenzó a aplicar de manera masiva las investigaciones de mercado para averiguar que le interesaba a su público objetivo, así empezaron a aparecer todos los meses los mismos contenidos en idénticas proporciones: temás médicos, de autoayuda, casos humanos, etc. la revista se convirtió en una aburrida sucesión de variaciones en torno a los mismos temas.
Hoy se presentan como una empresa dedicada al marketing directo a través del uso de bases de datos computacionales, tienen una larga historia de reclamos por publicidad engañosa y prácticas de venta deshonestas, a pesar que dicen que su margen de error es +-10% probablemente el rechazo real es bastante mayor. En cierto modo el Reader´s se convirtió en una de las primeras compañías globales de spam.
Lo curioso es que en el año 2007 la empresa completa fue adquirida por Ripplewood Holdings en 2.500 millones de dólares ¡el valor de una marca! pero ¿cuanto valdrá realmente la marca Reader´s Digest hoy? Sospecho que mucho, mucho menos. Hay dos cosas que me llaman la atención en esto, una es la depreciación de la marca y la otra que el nicho que dejó el Reader´s en los años 80 nunca volvió a ser llenado, a pesar que con Internet hoy existen todas las facilidades para hacer algo aún mejor que la revista original.
Comentando de esto con mi amigo Juan, me señalaba Google Books y Google News, pero yo creo que son la antítesis de la idea del Reader´s. Google News, que es una idea interesante porque las noticias son seleccionadas sin intervención humana, usando el algoritmo de Google tiene la ventaja que elimina el bias, pero también la enorme desventaja… es que elimina el bias. El secreto del Reader´s era precisamente el bias, la preferencia de los editores que debía estar en sintonía con un gran número de personas que no tienen tiempo para andar leyendo todo lo que se publica.
Un buen amigo que admiro mucho, gerente general de grandes empresas, hijo de inmigrantes españoles, cuando chico era muy pobre y se ganaba la vida repartiendo diarios. Con el tiempo, se dio cuenta de los intereses de algunos de sus clientes y con los diarios que sobraban del día anterior, recortaba artículos que pensaba que les podrían interesar, los pegaba en una hoja y se los vendía: era su propio Reader´s y la clave estaba en saber que artículos le podrían interesar a cada cliente, sin importar que fueran del día anterior. Bueno, eso era lo que tenía el Reader´s y lo que perdió en los años 80 cuando aparecieron los genios del marketing y la administración a mejorar el sistema.
Moralejas: no siempre las mejoras mejoran, no todo lo que nos enseñan funciona, a veces una sola persona astuta lo hace mejor que cien letrados, en fin, hay varias moralejas más pero lo dejo hasta aquí por ahora. Hasta mañana cuando los siga aburriendo con Alan Watts.

5 noviembre, 2009

Los autodidactas

Archivado en: alan, autodidactas, educacion, linus, pauling, watts — tombrad @ 10:48 am


Linus Pauling nunca terminó la secundaria, la biografía oficial dice que se negó a hacer un ensayo sobre la historia de USA, pero lo más probable es que simplemente fuera flojo y no le interesara estudiar asuntos que eran aburridos para su gusto. Con el tiempo entró a una universidad agrícola de Oregon, una institución para campesinos donde se podía entrar sin tener completa la educación media, durante sus estudios tuvo que hacer una serie de trabajos miserables para mantenerse él mismo y su madre. Finalmente se graduó como bachiller en ciencias, siguió estudiando y destacándose como investigador en química hasta que en 1925 obtuvo su doctorado con máximos honores.

No fue hasta muchos años después, cuando ya había ganado el premio Nobel de química y el de la paz (es uno de los pocos laureados con dos Nobel) que su escuela le dio el diploma de educación media en una especie de honoris causa. La pasión de Pauling fueron los cristales y su carrera estuvo siempre en el filo de la navaja, fue acusado de charlatán hasta el fin de sus días porque estaba obsesionado con la vitamina C y lo que llamaba la nutrición ortomolecular (si, la misma de nuestro querido doctor Jorge Castro de la Barra). En todo caso parece que a Pauling nunca le interesó demasiado ser respetable.
Supe de Allan Watts al leer una entrevista al difunto Gia-fu Feng, famoso traductor del Tao Te Ching y amigo de mi tocayo Thomas Wilke quien me interesó en estas cosas. La parte de la entrevista que me intrigó fue esta:
P: “Usted ha mencionado a Allan Watts varias veces y yo sé que ha estado con él durante sus enseñanzas, ¿como ha sido esa experiencia?”

R: “Verá, Allan Watts era muy creativo. Cuando tomaba se ponía muy inteligente. El daba sus clases, usted sabe, durante la noche, a veces completamente borracho. Pero esas clases no eran nunca aburridas. El era un tremendo entertainer. El decía “yo soy un entertainer, no soy un filósofo budista”.

P: “Pero Allan Watts murió alcoholizado ¿no es así?”

R: “Oh si. Tomaba whiky todo el tiempo, directo de la botella”

P: “¿Pero como podía entonces mantenerse en conexión con el Tao?”

R: “¡Eso es el Tao! el hecho que fuera un borracho está en total sintonía con los siete sabios del bosque de bambú, en completo desprecio por los convencionalismos. Uno de los sabios, el famoso poeta llamado Liu Ling, tenía un sirviente que lo seguía con una garrafa de vino y una espada. Siempre tenía algo de vino para tomar en su ruta y su sirviente estaba listo para enterrarlo si caía muerto en el camino, eso está en el Tao. Así es que las borracheras de Allan eran bastante taoistas”.
No podía menos que buscar los libros de un ser tan perfecto e inspirador, y me encontré con El Arte de ser Dios, más allá de la teología que estoy leyendo ahora mismo y hasta donde llevo me parece estupendo. Creo que me voy a hacer fan de Allan Watts de ahora en adelante. A propósito en el libro de marras ya encontré un buen párrafo,lo que es algo fundamental para seguir leyendo, miren esto, es de la página 34:
Si una persona en el contexto de la cultura cristiana dijera “yo soy Dios” inmediatamente pensaríamos que está loco y nos burlaríamos de él haciéndole todo tipo de preguntas: “¿Como hiciste para crear al mundo en seis días?” “¿Por que permitiste al demonio entrar en el Jardín del Edén” o “¿A qué te dedicabas antes de crear el universo?”. No obstante si una persona educada en el contexto hinduista declarara súbitamente “yo soy Dios” todo el mundo se acercaría a darle la enhorabuena por haberse dado cuenta finalmente de su verdadera identidad. Cuando un hindú proclama su divinidad no está queriendo decir que es omnisciente ni omnipotente y eso se debe a que sabe muy bien lo que significa ser omnisciente u omnipotente.
En verdad que hace muchos años que no tengo inquietudes religiosas y me da excatamente lo mismo la naturaleza de Dios o lo que me vaya a pasar después de muerto (probablemente nada), lo único que realmente me interesa de la religión es su parte útil: los milagros en el corto plazo. Así y todo el libro es entretenido porque ilustra las muchas vueltas y revueltas que se da la mayoría de las personas tratando de explicar o afirmar sus creencias religiosas. Ciertamente Allan Watts, un inglés que desarrolló su carrera en los Estados Unidos, también fue autodidacta, cosa que le habría cerrado todas las puertas en cualquiera de nuestros países latinos.
Bueno, a lo que quería llegar a todo esto es a mi admiración hacia el sistema norteamericano de educación superior, sin prohibiciones ni regulación, donde cualquiera puede poner una universidad no acreditada y dar los títulos que se le antoje ¿como se diferencian entonces los títulos verdaderos de los falsos? le preguntaba a Tom, que fue profesor universitario durante muchos años, me dice que simplemente por los resultados, inclusive el charlatán más grande si tiene buenos resultados y logra hacer plata tiene el reconocimiento que le corresponde. En USA también hay guerras de prestigio y rankings, pero son mucho más prácticos, el que quiere les cree y lo que vale al final del día es el rendimiento.
En el proyecto en que estoy trabajando para el CFT de la universidad he leído harto sobre los sistemas europeos, canadiense y norteamericano y prefiero lejos este último, sin embargo la gente acá parece que le tiene terror a USA, cuando hablan de mandar gente a hacer posgrado todos prefieren España, Francia, Alemania, ¡incluso países escandinavos! pero arrancan como el diablo ante la perspectiva de ir a estudiar a los Estados Unidos. Creo que esa resistencia hacia el sistema norteamericano y los autodidactas explica buena parte de los problemas en nuestra educación técnica.
Nuestro país parece enloquecido por las acreditaciones y los rankings, los estudios superiores se consideran un escalón para afirmarse o trepar en la escala social, más que una herramienta para ganarse la vida honradamente. Mientras tanto el estado alienta esta locura exigiendo una “calidad” sin tener mucha idea de que consiste tal cosa, o con ideas burdas y clasistas. Nos hace falta mirar un poco más para los Estados Unidos donde las instituciones no tienen miedo de llamarse College (Dartmouth), Polytechnic (Virginia) o Institute (MIT), mientras nosotros -gracias a nuestra herencia latina- todavía creemos que la excelencia llega solo cuando el estado les de permiso para colocarse “universidad”.
Ah, sigo leyendo a Alan Watts, que tipo más entretenido, nunca pensé que me iba a divertir leyendo algo sobre religiones. En fin, mañana será otro día, hasta domani.

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