Tomas Bradanovic

20 febrero, 2008

La rabia del hombre blanco

Archivado en: estado de bienestar, welfare state — tombrad @ 2:33 pm

In election 2008, don’t forget Angry White Man dice una columna de Gary Hubbell, si leen inglés denle un vistazo porque aparte de los acostumbrados clichés conservadores hay algo de lo que no se había hablado mucho hasta ahora: algunos sentimientos de molestia de los que se consideran white American ante tendencias que se han ido consolidando en USA en los últimos años.

El sistema de beneficencia que favorece a los que no hacen nada, a expensas de los que están trabajando, la victimización de las minorías: negros, latinos, homosexuales, etc. y su discriminación positiva, que en el fondo se traduce en discriminación a secas contra los que no son de esas minorías, el relajamiento de la disciplina en las escuelas, el pandillismo, la delincuencia y las explicaciones que echan la culpa de todos los males a las injusticias sociales, etc. etc.

Lo que el artículo no dice es que nos solo los white American tienen rabia por estas cosas, sino también gente de las propias minorías , negros, latinos, etc. que creen en los ideales Americanos del individualismo, patriotismo y responsabilidad personal están siendo amenazados por la presión de grupos de interés especial. Creo que es más que un asunto de conservadores vesus liberales, existe la sensación de decadencia por pérdida de ciertas ideas tradicionales que van más allá del simple conservantismo, y que hasta los sesenta parecían intocables.

Quien sabe cual será el resultado de la elección presidencial en USA pero el hecho de que el gobierno de Bush haya sido reelegido con más votos que en la primera elección, y que un candidato republicano tenga oportunidades de repetir para un tercer período, en un país donde normalmente los gobiernos se alternan, me hace pensar que la rabia del hombre blanco parece que tiene algún sustento.

Lo curioso es que la globalización hace aparecer problemas similares en todas partes. En Chile, aunque no existe el hombre blanco -porque somos todos choleados- si existe ese mismo sentimiento de malestar por las políticas de bienestar pagadas con los impuestos de la clase trabajadora, la discriminación positiva que regala inutilmente beneficios a los grupos de presión indígenas: más les regalan, más exigen. Y para que hablar de la victimización y protección absurda de las garantías de los delincuentes.

Aquí algo anda mal, más allá de la derecha o de la izquierda, porque muchas de estas tendencias han sido políticamente transversales. La reforma procesal penal en Chile, plena de garantías para los delincuentes y desprotección para las víctimas fue impuelsada desde la Fundación Paz Ciudadana, organismo creado por Agustín Edwards tras el secuestro de su hijo, dudo que alguien pueda calificar a don cucho de izquierdista, sin embargo, ahi tienen los resultados.

Más todavía, la derecha económica en Chile tuvo un profundo romance con el progresismo durante los gobiernos de Frei y Lagos, en el fondo es un sector que siempre ha prosperado bajo la combinación de políticas socialistas y corrupción, así es que la social democracia los favorece enormemente. Ha sido esta alianza estratégica la que ha permitido el fortalecimiento de la corrupción política en Chile.

Y no es cosa de ahora sino también histórica. En los años 40 don Pedro Aguirre Cerda, uno de los ídolos de la social democracia chilena, fundó COPEC con un grupo de amigos bien colocados y se las arregló con el ministro derechista de ese entonces (creo que fue don Gustavo Ross, que luego fue su rival en las elecciones) para que todos los competidores de COPEC quedaran fuera del mercado. Ya en esos años se comenzaba a armar esta asociación solapada entre la derecha y la izquierda unidas, que nunca serán vencidas.

Bajo el alero de los gobiernos radicales se incubaron las grandes fortunas de Chile, al amparo de contratos con el estado. Don Gabriel Gonzalez Videla luego de decretar el Plan Serena, se compró por palo blanco una gran fábrica de cemento, con lo que aseguró el futuro de varias generaciones de su familia.

Es muy bueno y noble que la gente sea compasiva, y que desee ayudar a los pobres. Si alguien sufre por la pobreza de su prójimo debe meterse la mano al bolsillo y ayudarlo. Pero no que vengan los burócratas, intermediarios de los pobres, a meterle la mano al bolsillo a la fuerza a la gente que trabaja. Eso hace crecer al estado, beneficia a los altos empleados fiscales y también a los grandes empresarios, entre esos dos grupos, al final, se reparte la torta.

Como ven, la rabia del hombre blanco también nos alcanza a nosotros, los choleados.

La rabia del hombre blanco

Archivado en: estado de bienestar, welfare state — tombrad @ 2:33 pm

In election 2008, don’t forget Angry White Man dice una columna de Gary Hubbell, si leen inglés denle un vistazo porque aparte de los acostumbrados clichés conservadores hay algo de lo que no se había hablado mucho hasta ahora: algunos sentimientos de molestia de los que se consideran white American ante tendencias que se han ido consolidando en USA en los últimos años.

El sistema de beneficencia que favorece a los que no hacen nada, a expensas de los que están trabajando, la victimización de las minorías: negros, latinos, homosexuales, etc. y su discriminación positiva, que en el fondo se traduce en discriminación a secas contra los que no son de esas minorías, el relajamiento de la disciplina en las escuelas, el pandillismo, la delincuencia y las explicaciones que echan la culpa de todos los males a las injusticias sociales, etc. etc.

Lo que el artículo no dice es que nos solo los white American tienen rabia por estas cosas, sino también gente de las propias minorías , negros, latinos, etc. que creen en los ideales Americanos del individualismo, patriotismo y responsabilidad personal están siendo amenazados por la presión de grupos de interés especial. Creo que es más que un asunto de conservadores vesus liberales, existe la sensación de decadencia por pérdida de ciertas ideas tradicionales que van más allá del simple conservantismo, y que hasta los sesenta parecían intocables.

Quien sabe cual será el resultado de la elección presidencial en USA pero el hecho de que el gobierno de Bush haya sido reelegido con más votos que en la primera elección, y que un candidato republicano tenga oportunidades de repetir para un tercer período, en un país donde normalmente los gobiernos se alternan, me hace pensar que la rabia del hombre blanco parece que tiene algún sustento.

Lo curioso es que la globalización hace aparecer problemas similares en todas partes. En Chile, aunque no existe el hombre blanco -porque somos todos choleados- si existe ese mismo sentimiento de malestar por las políticas de bienestar pagadas con los impuestos de la clase trabajadora, la discriminación positiva que regala inutilmente beneficios a los grupos de presión indígenas: más les regalan, más exigen. Y para que hablar de la victimización y protección absurda de las garantías de los delincuentes.

Aquí algo anda mal, más allá de la derecha o de la izquierda, porque muchas de estas tendencias han sido políticamente transversales. La reforma procesal penal en Chile, plena de garantías para los delincuentes y desprotección para las víctimas fue impuelsada desde la Fundación Paz Ciudadana, organismo creado por Agustín Edwards tras el secuestro de su hijo, dudo que alguien pueda calificar a don cucho de izquierdista, sin embargo, ahi tienen los resultados.

Más todavía, la derecha económica en Chile tuvo un profundo romance con el progresismo durante los gobiernos de Frei y Lagos, en el fondo es un sector que siempre ha prosperado bajo la combinación de políticas socialistas y corrupción, así es que la social democracia los favorece enormemente. Ha sido esta alianza estratégica la que ha permitido el fortalecimiento de la corrupción política en Chile.

Y no es cosa de ahora sino también histórica. En los años 40 don Pedro Aguirre Cerda, uno de los ídolos de la social democracia chilena, fundó COPEC con un grupo de amigos bien colocados y se las arregló con el ministro derechista de ese entonces (creo que fue don Gustavo Ross, que luego fue su rival en las elecciones) para que todos los competidores de COPEC quedaran fuera del mercado. Ya en esos años se comenzaba a armar esta asociación solapada entre la derecha y la izquierda unidas, que nunca serán vencidas.

Bajo el alero de los gobiernos radicales se incubaron las grandes fortunas de Chile, al amparo de contratos con el estado. Don Gabriel Gonzalez Videla luego de decretar el Plan Serena, se compró por palo blanco una gran fábrica de cemento, con lo que aseguró el futuro de varias generaciones de su familia.

Es muy bueno y noble que la gente sea compasiva, y que desee ayudar a los pobres. Si alguien sufre por la pobreza de su prójimo debe meterse la mano al bolsillo y ayudarlo. Pero no que vengan los burócratas, intermediarios de los pobres, a meterle la mano al bolsillo a la fuerza a la gente que trabaja. Eso hace crecer al estado, beneficia a los altos empleados fiscales y también a los grandes empresarios, entre esos dos grupos, al final, se reparte la torta.

Como ven, la rabia del hombre blanco también nos alcanza a nosotros, los choleados.

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