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Alfredo Zamudio, ariqueño neto y también ciudadano noruego, acaba de ser condecorado con la Order of Timor Leste, la más alta distinción que el gobierno de Timor Oriental otorga a nacionales y extranjeros que han hecho aportes especialmente valiosos para el país. Es un orgullo para este Club del Ocio y en particular para este ocioso que escribe contarlo entre nuestros amigos. Como Alfredo es ahora condecorado, supongo que tendremos que referirnos a él como His Highness, título muy apropiado además, porque mide como 2 metros de altura. Unas pocas fotos de la ceremonia las pueden ver AQUI.
Para los que se han incorporado hace poco a este blog, les cuento que Alfredo es hijo de
Alfredo Zamudio Concha, prisionero político durante el Gobierno Militar, lejos de convertirlo en una persona amargada o violenta dedicó su vida a ayudar a gente en los lugares de mayor conflicto y sufrimiento. Así es como ha estado en programas internacionales en Colombia, Sarajevo, Darfur y ahora último en Timor Oriental como director del Consejo Noruego de Refugiados en ese país.
Yo que he escrito mucho en contra de la compasión, creo que tiene su contrapartida es el altruismo o la disposición a ayudar y simpatizar con el más débil. La compasión normalmente lleva a ponerse a llorar y reclamar -la revolución francesa partió con esa clase de sentimientos- pero hay actitudes activas de altruismo que, por la motivación que sea, resultan en ayuda real y personal a los que la necesitan.
El trabajo de Alfredo es uno de esos ejemplos y no tiene mucho que ver con política sino con una actitud de servir para algo y ayudar desinteresadamente. Recuerdo, por ejemplo, la historia de Thomas Dooley en Vietnam, un tipo muy derechista o de nuestro comunista y querido
doctor Jaime Barros acá en Arica. En Chile tenemos una larga historia de filantropía que es poco conocida, como doña Juana Ross de Edwards o Federico Santa María que dejó toda su fortuna para su
proyecto de educación. Esa es la idea del pro bono:
voluntariamente por el bien de los demás.
Para que hablar de mi tío abuelo monseñor
Arturo Pérez Labra que dejó su plata para las
escuelas Santo Tomás y los que podríamos haber sido sus herederos todavía no terminamos de maldecirlo. Ah es broma nomás, pero
bien pudo haber dejado unas chauchas a su sobrino arruinado pues monseñor. Bah, solo bromeo.
La cosa es que todos tenemos una tendencia más o menos natural a simpatizar y ayudar al que lo necesita, hasta yo, que soy un marrano egoísta, dedico buena parte de mi abundante tiempo libre a hacer favores o a orientar con Internet a los visitantes que lo necesitan. Eso está muy bien mientras sea voluntario y salga de manera natural de cada uno, cuando viene otro a decirme que estoy obligado a ayudar entonces me crecen las uñas y los colmillos, la furia croata -o gitana, quien sabe- me invade y me pongo realmente desagradable. En fin, miles de felicitaciones para Alfredo, es de los buenos.
La semana pasada me sentí como micro celebrity, porque en los dos taxis que me subí el conductor me conocía por la columna en La Estrella de Arica. Bueno, en verdad uno era un ex compañero de trabajo de la IRT en los setentas, pero igual. Lo divertido es que siempre me dicen más o menos lo mismo: “Tomás tu eres el que escribe en el diario, bueno, mira de lo que tienes que escribir es (blabla)…” Saludos amigos y no se preocupen, trataré de colocar todas las sugerencias.
Y conversando en el taxi con mi ex compañero de la IRT, me trajo a la memoria que en 1976 yo era callado como un pollo, pero también un poco jactancioso. Resulta que en la línea de montaje donde trabajábamos había una fuga y al tocar la parte metálica con el codo daba la corriente, los 200 o más trabajadores de la línea se quejaban y los ingenieros andaban de cabeza buscando adonde estaba el problema. La cosa es que yo me di cuenta que había una tierra levantada y les dije lo que era pero no les quería decir adonde estaba “para eso tienen ingenieros pues”. Ya ni me acordaba de esa historia pero puede que sea cierto. La cosa es que desde chico me ha gustado aparentar inteligencia: dime de lo que te jactas y te diré que te falta.
Pero bueno, al menos -que yo recuerde- nunca me he jactado de tener suerte con las minas. Hasta mañana.